jueves, 12 de mayo de 2016

12 DE MAYO DE 1551: FUNDACIÓN DE SAN MARCOS - FOLIOS DE LA UTOPÍA: ANTORCHA Y BANDERA TREMOLANTE - POR DANILO SÁNCHEZ LIHÓN



CAPULÍ, VALLEJO Y SU TIERRA
Construcción y forja de la utopía andina
 
2016 AÑO
CONSTRUCCIÓN DE CONCIENCIA
Y CONCRECIÓN DE SOLUCIONES
 
MAYO: MES DE LOS TRABAJADORES,
DEL LEGADO DE LA PAPA DEL PERÚ
AL MUNDO, Y DEL MAESTRO ENCINAS
 
CAPULÍ ES
PODER CHUCO

 
SANTIAGO DE CHUCO
CAPITAL DE LA POESÍA
Y LA CONCIENCIA SOCIAL

 
*****
 
XVII TELÚRICA DE MAYO, 2016
EN LIMA, TRUJILLO, OTUZCO, HUAMACHUCO,
SANTIAGO DE CHUCO Y CACHICADÁN
CÉSAR VALLEJO Y SU TIERRA

Con la gloria de César Vallejo, Santiago de Chuco va por todas partes.
Santiago de Chuco –conjunción maravillosa de hombre y de tierra, de paisaje y de espíritu–, ejerce en el visitante una poderosa influencia: aflora de sus entrañas una rara y potente fuerza que todo lo envuelve, lo rebasa.
Hay en él de fino, de delicado, como de bravo, de hosco. Árboles y pájaros, rocas y abismos. Madrigal y emoción heroica. Realidad cósmica que explica el brote, la existencia de un genio como Vallejo. Sólo una tierra así ha podido dar un hombre de esa dimensión.
Luz, color, música… Eucaliptos de las huertas que pintan de verde la clara tela del ambiente. Más allá el candor de las campiñas y las gibas amarillas de los cerros y, más allá aún, las agujas de las montañas de la Cordillera Blanca, en Ancash.
Santiago de Chuco es un paraje serrano de inimitable gama de colores, la realidad superando a la fantasía.
Por su topografía desigual, da la impresión de una gran taza de arcilla semidestrozada por el tiempo y los fenómenos meteóricos. Con sus altos y bajos. Sus calles torcidas y tejados verde oscuros, donde aún crece la hierba, signo de la vitalidad y fecundidad de Santiago de Chuco.

FRANCISCO IZQUIERDO RÍOS
 
*****
 
12 DE MAYO DE 1551
 
 
HOY
SE FUNDA
SAN MARCOS
HACE 465 AÑOS
 
 

FOLIOS
DE LA
UTOPÍA
 

ANTORCHA
Y BANDERA
TREMOLANTE
 
 

Danilo Sánchez Lihón
 
 
1. A tan alto
sitial
 
José Antonio Encinas luego de ganar a su oponente, el Dr. Víctor Andrés Belaúnde, en la elección para ocupar el rectorado de la Universidad Nacional de San Marcos, en el año 1931, lo primero que hizo al asumir el cargo fue convocar a la intelectualidad más lúcida y brillante de la época.
Así fue que tuvo como colaboradores más cercanos a Raúl Porras Barrenechea, como Director del Colegio Universitario; a José Jiménez Borja, como Profesor Asesor en aspectos académicos; a Jorge Basadre, como Director de Bibliotecas, a Luis Alberto Sánchez, como Director del Instituto de Extensión Cultural; entre muchos otros.
Es, pues, un inmenso orgullo para el magisterio peruano el que un integrante suyo, un humilde pero lúcido y audaz maestro de escuela haya llegado –por sus propios méritos y gracias a la decisión democrática de la juventud iconoclasta y libertaria–, a tan alto sitial.
Y aún más: El que haya tenido como meritorios asistentes de su señera gestión rectoral, a semejantes luminarias de la más renombrada intelectualidad del Perú. Y más todavía: el que ese año de su rectorado haya sido no solo el más entusiasta, fervoroso y pletórico en triunfos académicos sino beligerante en la escena política y social frente a la dictadura de ese entonces.
 
2. Un año
y cuatro meses
 
Transcurría el año 1932 y el Presidente Luis Sánchez Cerro, con quien se había conocido en París, lo invita a Palacio de Gobierno a fin de conminarle para que prohíba que se traten asuntos políticos en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.
Esta pretensión, completamente contraria al pensamiento y al proceder de Encinas, fue rechazada por él, quien le contesta que es derecho inalienable de los jóvenes y de las personas conscientes ocuparse del destino de su país.
Sánchez Cerro, después de esta entrevista, procedió a clausurar San Marcos.
José Antonio Encinas es entonces invitado a Panamá a dictar conferencias en el Ciclo de Verano de la universidad de ese país, pero a su retorno al país en el puerto del Callao se le prohíbe el ingreso a la patria.
¿Qué había ocurrido? Sánchez Cerro dictaminó su deportación en ausencia. Y ya no pudo ingresar al suelo patrio, ni siquiera le fue permitido desembarcar y solo le cupo proseguir viaje sin rumbo fijo, sin saber adónde ir, ni cuál sería su situación ni su destino inerme y sin ninguna precaución, como se encontraba.
Su rectorado en la universidad de San Marcos había durado apenas un año y cuatro meses. Sin embargo, en el breve período que duró su gestión al frente de la Universidad, Encinas desarrolló una labor titánica de reordenamiento y cambio estructural, proyectándola a las décadas venideras.
 
3. Reforma
Universitaria
 
En este breve período se fundaron principalmente institutos de investigación y reinó un espíritu y práctica de participación amplia de todos los estamentos del claustro que de este modo acometían el esfuerzo más vigoroso de repensar y de ver actuar la universidad en el contexto social del país.
En el periodo que va de 1931 a 1932, que duró su ejercicio de rector, dio vida a un vigoroso proceso de Reforma Universitaria, que cambió de raíz aspectos esenciales de esta casa de estudios y que por su profunda raigambre democrática constituyó el cambio más significativo en todo el secular devenir de la historia de la Decana de América.
El gobierno nacional por eso no fue capaz de soportar este presencia protagónica de la universidad en el acontecer nacional y terminó por dictaminar su clausura definitiva.
En el período posterior a esta obligada paralización de la universidad, que duró cuatro años, fue asesinado el presidente Sánchez Cerro el 30 de abril del año 1933 y asumió el poder el General Oscar R. Benavides en su calidad de Jefe del Ejército. José Antonio Encinas regresa al país y funda conjuntamente con sus hermanos Enrique, Guillermina y Aurora Encinas, el Colegio Dalton, para ensayar el sistema de trabajo escolar mediante grupos, en laboratorios y bajo la metodología de taller.
 
4. Se gestiona
una entrevista
 
Los profesores de San Marcos le sugirieron entonces, a quien para ellos seguía siendo su rector, acerca de la conveniencia de gestionar, mediante una entrevista, la reapertura de la universidad.
La entrevista se llevó a cabo. Fue tensa y áspera por la actitud enemistosa del presidente de facto. En ella Benavides evidenció su despotismo y arbitrariedad cuando ni siquiera invitó a tomar asiento a la delegación de profesores y autoridades de la prestigiosa casa de estudios que permanecía clausurada.
Aún más, se quejó de lo que él llamaba la indisciplina y rebeldía estudiantil, que según dijo merecían su reprobación.
Adujo lo que para su talante antidemocrático era la supuesta inconsistencia del cogobierno estudiantil. Y manifestó su decisión de mantener clausurado dicho centro de formación profesional.
El maestro Encinas refutó firmemente esos argumentos a pesar de saber de antemano que era empresa inútil intentar siquiera cambiar un milímetro los prejuicios tan hoscos y siniestros que aquel militar tenía en contra de la universidad.
 
5. Se descorre
el velo
 
Es muy importante que reproduzca aquí el segundo encuentro que tuvo con el presidente Oscar R. Benavides, relatado por el mismo José Antonio Encinas, porque gráfica el ambiente y la época abrupta en que se vivía en aquel período y que lo sufría principalmente la universidad.
Al mismo tiempo deja ver de modo inequívoco la recia personalidad del maestro y descorre el velo de cuál es la entraña de algunos gobernantes que para desgracia de nuestros países no son pocos ni raros sino constantes y de aparición lamentablemente frecuente y repentina. He aquí las palabras de Encinas:
"En este ambiente de protesta Benavides me invitó, celebrándose una entrevista que merece ser narrada, dado que de su contenido se desprende la intolerancia y la animadversión que su gobierno guardaba a la Reforma Universitaria.
"Benavides estuvo cortés en esta oportunidad; me invitó a tomar asiento, y luego me dijo haberme llamado porque los universitarios continuaban en franca y violenta hostilidad hacia su gobierno...
Y esto pese a que la universidad estaba clausurada, siendo incesante la movilización estudiantil.”
 
6. No olvide
que soy maestro
 
Y continúa refiriendo en su relato:
“– Usted sabe que soy militar y me agrada la disciplina. Usted, que está a coté (al lado, en francés) de los estudiantes, es el llamado a ponerlos en orden, porque de lo contrario mi autoridad pesará sobre ellos con mano férrea.
"Le contesté:
“– No sé a título de qué exige usted que lo ayude a mantener aquel orden. Para usted no soy rector de la universidad, porque si lo fuera, la universidad estaría abierta bajo mi dirección, y entonces respondería de la disciplina académica en el claustro; pero no de la otra, esto es, cuando el estudiante ejerce su legítimo derecho de ciudadano al protestar por la clausura de la universidad y por las ilegalidades que comete el gobierno.
“Usted es militar y puede imponer disciplina en un cuartel, valiéndose de la fuerza; pero no olvide que soy maestro y que, por eso, me está vedada la violencia. No tengo más arma que la espiritual y ella ha sido suficiente para conseguir el orden en el claustro mediante la colaboración, la tolerancia y la comprensión mutuas de maestros y de estudiantes.”
 
7. Estoy
¡adelante!
 
Y prosigue expresando en su narración José Antonio Encinas:
“Ya le manifesté en otra oportunidad que nada había de cierto acerca de la indisciplina; es la legítima protesta ciudadana que exige el máximo respeto a su libertad. Y en eso, como rector y como ciudadano, no estoy a coté de los estudiantes, sino avant (adelante, en francés).
"Benavides, después de algunos instantes de silencio, contestó:
“– Pero usted estará de acuerdo en que la juventud está corrompida y que no hay otro remedio que disciplinarla.
“– No sé lo que usted entienda por corrupción, –respondí–. Si acaso juzga usted como corrupción la embriaguez, el juego ilícito, ser parroquiano de prostíbulos o llevar una vida de completo abandono, debo decirle, con profunda convicción, que nada de eso ocurre con la inmensa mayoría de los estudiantes de San Marcos. No los he visto antes ni ahora en estado de beodez, jamás he tenido noticia de que concurrieran a las casas de juego ni se empobrecieran física y moralmente en los lenocinios...”
 
8. No veo
razón
 
Y a continuación elevó así su alegato ante el militar:
“Esto se ha sabido porque la Oficina de Estudiantes creada por la Reforma Universitaria estuvo muy cerca de la vida privada de los alumnos y porque personalmente hube de vigilar esa conducta con más interés que su aplicación a los estudios. Y si usted cree que yo soy quien corrompe a la juventud, debo decirle que tres generaciones de mi familia –debí haber dicho cuatro, porque más tarde Benavides encarceló y desterró a mi hijo cuando apenas había cumplido los dieciocho años– han pagado tributo a la dignidad ciudadana luchando por las libertades cívicas del Perú. Además, en los diez años de mi destierro, en Europa, no perdí mi tiempo en visitar los cabarets de París o las salas de juego de Montecarlo; fui a estudiar como alumno ordinario, sometido a todas sus exigencias, en las universidades de Londres, Cambridge, París, Padua y Bolonia; y en esa larga estadía no busqué provecho personal preparándome en alguna profesión lucrativa; estudié, por mi cuenta, sin subvenciones ni prebendas, los problemas educativos desde el kindergarten hasta la universidad, para ponerme luego al servicio de mi país. Si todo esto es así, no veo razón alguna para que usted crea que los estudiantes están en plena e insalvable corrupción.”
 
9. ¡No
señor!
 
Y después relata:
"A esta respuesta, dicha con intensa emoción, porque en ella iba el cariño y la devoción a la juventud, ahora ultrajada, no tuvo Benavides qué contestar. Eso sí, había en su semblante la expresión del disgusto y de la cólera frenados.
"A poco se rehízo y volvió al ataque cuando dijo:
“– Pero los estudiantes son comunistas y eso es corrupción.
“– No señor, –contesté–. El comunismo no es una corrupción, es una doctrina político-económica, en la cual usted o yo podemos o no convenir, pero de ninguna manera puede ser juzgada como un instrumento capaz de destruir la ética del hombre. No podría condenar a un universitario por estudiar las doctrinas de Marx y de Engels, ni por ingresar al partido político de su elección, si es por razones de principio. En cambio, sí me dolería verlo dedicado al vicio o en el camino de la deshonestidad ciudadana, pronto a todo género de concupiscencias, dispuesto a sumarse a dictaduras y tiranías, en agravio de lo noble y de lo verdadero que la vida de un joven debe tener como garantía suprema de que será elemento útil al país y no agente de su ruina material y espiritual”.
 
10. Otra vez
peregrino
 
Y luego en su texto hay estas apostillas del maestro:
"Así terminó esa entrevista en que dialogaron un general y un rector de universidad. Benavides, como es natural, quedó mortificado. Según supe después, esa entrevista fue uno de los motivos para que decretara mi no retorno al Perú cuando enseñaba en la Escuela de Verano de la Universidad de Panamá, en 1936, lo cual dio comienzo a mi segundo destierro. Era necesario ese destierro, no tanto para impedir que resultara elegido senador, como lo fui en ausencia, por el departamento de Puno, cuanto para precaverse de la influencia que pudiera ejercer sobre el estudiantado en el momento de declarar nulas las elecciones generales de 1936 –en las cuales fue derrotado Benavides– y dar el más vergonzoso golpe de Estado que registra la historia del Perú."
A partir de esta acción, Encinas emprende un peregrinaje por diversos países de América Latina, fundando escuelas y creando grupos de investigación sobre temas pedagógicos, siempre orientado en función de la democracia y la educación.
Esta es la historia de la universidad en un período crítico. Y es al mismo tiempo una muestra del temple de un maestro genuino que se formó en sus claustros y cuyo apostolado marca profundamente el devenir de esta antorcha votiva, faro radiante y bandera tremolante que siempre será la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.


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CAPULÍ, VALLEJO Y SU TIERRA
 
TELÚRICA DE MAYO, 2016
 
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