jueves, 22 de diciembre de 2016

ENALTECIENDO NUESTRO UNIFORME - POR EL DOCTOR ÁNGEL EDGARDO CHIRINOS LAVANDER



ENALTECIENDO NUESTRO UNIFORME

Por: Dr. Ángel Edgardo Chirinos Lavander


Posiblemente, os preguntéis a qué viene ese título de esta nota; pues, en días recientes conversaba amicalmente con un General FAP vecino de mi casa; dialogando de cosas triviales, surgió a colación este asunto, que yo sin ser Oficial de Escuela, no puedo aceptar que los nuevos ‘oficiales’ (con minúsculas), no sepan respetar y llevar correctamente el uniforme de nuestra institución aérea heredera de Quiñones; aunque espero, no sean todos ellos sino, alguna ‘oveja descarriada’.

Me contaba dicho General, que un día que estaba bajando de su automóvil, vio que un mayor Fap (también con minúsculas, porque no merece nombrarle como tal), que vive en la misma urbanización nuestra -como ‘agregado aéreo o qué se yo,’ en la casa de la familia de su esposa- pasaba uniformado -uniforme Nº 4- muy horondo con la camisa salida de su sitio y la corbata desajustada del cuello; motivo por el que muy sutilmente, le hizo ver de esa falta de decoro castrense que estaba cometiendo, debido que en su condición de General en situación militar de Retiro, le era difícil hacerlo autoritariamente. Ese ‘oficial’ le contestó: “mire usted, quiero mi comodidad y se trata de mí mismo y no hago mal a nadie”, prosiguiendo con su marcha. Ignorando quizás, que con eso, estaba mancillando a su institución y a la Patria.

Se considera, y así se debe crear conciencia, tanto en la etapa de formación como en la de ejercer el mando, que vestir un uniforme que la Patria nos concede, es llevarlo siempre con dignidad y enalteciéndolo. El uniforme de nuestra patria,  que en nombre de la Nación se nos ha conferido honrándonos con ello, debemos sin pensar dos veces, lucirlo con la prestancia y gallardía en toda circunstancia; hasta en nuestro hogar mismo, dando así un ejemplo a los demás, del gran amor que se le profesa y que nos obliga a engrandecerlo en todo momento y circunstancias.

Sé muy bien que los tiempos cambian, que lo único constante en la vida es el cambio, pero se espera que ese cambio sea para bien y no para mal; pues, un uniforme no es para fantoches sino para seres que lo saben y merecen llevarlo dignamente y con mucho amor; si quieren vestirlo como se les antojan y denigrándolo, las puertas de la institución están abiertas para hacerlo, pero no dentro de la vida militar sino de los desaliñados que pululan en los bajos mundos; aunque estos procederes demuestran también, la pobreza moral en la hogareña formación que tuvieron. 

Soy un Oficial FAP (R) de Sanidad, pero desde que vestí el glorioso azul, albo y oro de nuestra institución aérea -la misma que fue elevada al infinito por Quiñones- tomé conciencia que el uniforme da prestancia y responsabiliza a quien lo luce; por lo que, se le debe enaltecer y dignificar en todo instante, que se está llevándolo. El uniforme castrense en sí, representa a la Patria que nos cobija como una madre muy amorosa, convirtiéndose así, en uno de sus símbolos que la identifican. Tanto como un escudo o una bandera, salvo que ésta esté hecho jirones o raído, que es como mal llevar un uniforme castrense.

Me he permitido escribir  esto, para hacer recordar a todos sin excepción, que el uniforme de la Patria es el vestido que todo buen peruano debe respetar y dignificar, así como para la  admiración de aquellos que no tienen el orgullo de tener nuestra nacionalidad. Y que en el caso de los instructores de la EOFAP, crear entre sus ‘cadetes’ una mística al respecto y ser bastante drásticos con los que la trasgreden; como así mismo, los mandos superiores, ser muy estrictos en el cumplimiento de lo normado en tal sentido; todo lo que debe extenderse entre el personal subalterno y de tropa de la Fuerza Aérea del Perú.

Mas si me expreso sólo de la FAP, es porque esto ha sucedido con uno de sus miembros; pero este concepto de enaltecer el uniforme y de portarlo con respeto, dignidad y orgullo, va también o se extiende a todos los miembros de los institutos armados y militarizados que suelen lucir gallardos y airosos con el uniforme de la Patria.

Es doloroso y repugnante, que tal hecho relatado, sea producido por alguien que seguro se jacta diciendo que es un ‘jefe, un mayor fap’, en lugar de avergonzarse de ser un mal ejemplo de sus subordinados y ‘un don nadie’ para sus superiores. Posiblemente alguien diga, que no es para tanto; pero como seguidor del Libertador Artigas, parafrasearé éstas: “Con la verdad, no ofendo ni temo”. Y lo dejo ahí, para que tomen las medidas correctivas. 

¡Vale!

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