Danilo Sánchez Lihón
Sobre la araña gris
de tu armazón.
César Vallejo
1. Media
noche
Julián mueve la llave en la cerradura y entra en la casa sin prender las luces.
Tantea donde está la cama, la abre, se desviste y se introduce en ella.
A medianoche se despierta.
– ¿Quién eres? –Manotea Julián en la oscuridad.
–
Me llamo Teresa. –Oye que le contesta la voz gangosa de la persona que
él ha sentido que ha abierto la cama y se ha metido en ella.
Volteándose
lentamente y abriendo los ojos soñolientos ve que, compartiendo su
almohada, hay una calavera que le sonríe y lo mira con deseo y con
ternura.
El
temor que le invade es indescriptible. Nítidamente ve la frente cóncava
sin cabellos, los ojos huecos, la nariz mordida hasta la mitad del
hueso y las encías descarnadas, con dientes disparejos.
Pero ella está volteada hacia él a esa hora profunda de la media noche.
2. puesta
en el alféizar
Suena un reloj con su tic-tac acompasado, y en el cuarto todo es sombras espesas.
– ¡Hazme el amor! –Le dice ella con voz quejumbrosa.
– ¿Qué?
– ¡Hazme el amor!
Quiere
gritar, pero la garganta es inerte al grito como una liga de fierro.
Sabe, de otro lado, que nadie lo escuchará pues el cuarto donde está es
una sala profunda de esa casa cuyos dueños han viajado a Trujillo,
encargándole y pidiéndole por favor que cuide aquella casa.
Pero
lo que no le han dicho es que a su vez han encargado la casa a otra
cuidadora que durante algún tiempo han estado tratando de conseguir,
cual es: ¡una calavera!
Esta
ha resultado ser el de una mujer, que la han dejado puesta en el
alféizar de la ventana de este cuarto, mirando, sin habérselo propuesto,
a la cama hasta donde esta noche él ha llegado y ha tirado su cuerpo a
dormir.
3. Quiere
gritar
El
desgraciado de Julián mientras ve gesticular a la calavera que se ha
echado a su lado se está quieto, discerniendo si está soñando o si ha
bebido esta noche. ¡O qué es lo que está pasando!
Y, sobre todo, ¡qué hacer en una situación tan terrible como esta!
Mientras
tanto siente que la calavera que comparte su almohada se le acerca más y
más; y allí percibe el esqueleto que le roza la pierna, primero, y
luego la cruzó encima de la suya.
– ¡Qué quieres! –Se escucha decir asimismo a Julián con un hilo de voz en su garganta.
– ¡Que me hagas el amor, ya te he dicho! –Le repite este pedido con voz gutural.
Y siente que una mano esquelética se posa sobre su pecho y la otra detrás de su espalda.
Quiere gritar, movido por el espanto, pero se le atraca nuevamente la voz en la garganta.
4. Voy
a subir
–
Te daré una prueba de amor. –Le dice ella–. Y pone en sus manos un
anillo que él suelta inmediatamente por el estremecimiento que le
produce la mano huesuda.
– ¡Es de oro! –Escucha que le dice la voz.
– ¡Hazme el amor, te lo suplico! –Le insiste. Y le ruega el esqueleto recostado completamente sobre su sexo.
El horror se le apodera como un sudor frío.
Intuye
que lo peor quizá sería motivar el enojo de ese ser. Provocar la
cólera, la irritación de esa “persona” que se la ha metido así en la
cama, puede ser fatal.
Y no hay ser humano que lo escuche ni lo auxilie en esa noche lóbrega.
Cierra los ojos, y a fin de no crear mayores problemas, le dice.
– Estoy cansado.
– Ponte de costado y yo voy a subir encima.
5. Se entrega
con frenesí
Y así lo hace el esqueleto.
Él siente cómo los huesos se samaqueaban en el aire.
– Así, así como estás. ¡Quédate cómo estás!
– No.
–
¡Hazme el amor! –Y se pone a llorar con voz suplicante como llora un
muerto. Aunque gangosa la calavera y su esqueleto siente que ya está
otra vez encima suyo, con los movimientos acompasados de la pasión.
Queriendo
espantarla, –aunque con temor y delicadamente– introduce su mano por la
espalda y sus dedos se traspasan por entre las costillas de ese hato de
huesos cóncavos.
Es
inmenso su deseo de gritar, pero solo puede darse vuelta movimiento que
aprovecha esa amante intempestiva, para caer debajo y sujetar
fuertemente a Julián, mientras se entrega con frenesí y éxtasis al
placer.
6. Es ya
de día
El temor hace desmayarse a Julián, antes de sentir el cese quejumbroso y luego agradecido por el deseo satisfecho.
En
la plena y total inconsciencia vuelve a la realidad, ve que ya hay
claridad en el cielo, que ya ha amanecido y se oyen voces en la calle.
De un brinco Julián se levanta y gana la puerta y luego la acera de la calle; pálido y tembloroso al punto de la locura.
Directo va a la casa de su hermana, que queda tras unos corrales y le dice:
–
Tengo que irme urgente a la chacra, así es que ya no podré ir a cuidar
la casa de la señora Bertha. Allí la he dejado. Quiero que vayas tú
antes de irme, porque la he dejado abierta y adentro están mis llaves.
– ¿Qué me dices? ¡Vamos contigo! –Le replica su hermana.
Y tiene que ir. Pero, pese a que es ya de día, tiene temor de entrar. Pero lo hace, dominando su miedo.
7. Se me hace
tarde
Ahí
está la cama donde ha dormido. Pero al voltear la sábana los ojos se le
llenan de espanto: un anillo mohoso, pero de oro, yace sobre la
almohada. Y que él tapa inmediatamente con la sábana, sin recogerlo.
– Olga, Olga, hermanita; bueno, ya me voy.
– Oye, espérame. ¡Qué! ¿Tan apurado estás que no puedes esperarme?
Al voltear la mirada a su alrededor Julián ve la calavera en la ventana que lo mira y le sonríe con ojos seductores.
A grandes pasos gana la puerta y desde afuera le dice a su hermana.
– Se me hace tarde. Le escribes a doña Bertha que busque a otro quien le cuide la casa.
– ¿Qué?
– ¡Y que bote esa calavera que está en la ventana!
Y es que a veces la realidad supera a la imaginación, en la veracidad de los sueños.
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