domingo, 2 de octubre de 2016

2 DE OCTUBRE: DÍA DEL ÁNGEL DE LA GUARDA - FOLIOS DE LA UTOPÍA: EL HOMBRE Y SU ÁNGEL - POR DANILO SÁNCHEZ LIHÓN

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CAPULÍ, VALLEJO Y SU TIERRA
Construcción y forja de la utopía andina
 
2016 AÑO
CONSTRUCCIÓN DE CONCIENCIA
Y CONCRECIÓN DE SOLUCIONES
 
OCTUBRE, MES DE LA SALUD,
LA ALIMENTACIÓN, LA GESTA
DE ANGAMOS; VIDA Y EJEMPLO
DE MARIO FLORÍAN Y LUIS
DE LA PUENTE UCEDA
 
CAPULÍ ES
PODER CHUCO

 
SANTIAGO DE CHUCO
CAPITAL DE LA POESÍA
Y LA CONCIENCIA SOCIAL
 
*****
 
HACE MÁS DE MIL AÑOS HOY 2 DE OCTUBRE
SE CONMEMORA EL DÍA DEL ÁNGEL DE LA GUARDA

Protegió mi infancia la fe en la existencia del Ángel de la Guarda que contemplé en un cuadro de pintura colgado en una pared del dormitorio de mi abuela Rosa, y que es la pintura que más horas he mirado con la aprehensión de ver a un niño que cruza un puente sin barandas con las aguas turbulentas a un pie, pero a la vez con su ángel detrás, atento a ampararlo con sus alas poderosas y listas.
Pero a la vez mil veces he preguntado a mis mayores acerca de él, y mi dicha ha sido siempre que nunca nadie tuvo la crueldad para negarlo ni desmentir su presencia, ni siquiera ponerlo en tela de juicio sino al contrario mostrando la mayor devoción al mencionarlo.
Él es un compañero de viaje, y el ángel custodio particular para cada persona. Es a quien Dios ha dado la misión de protegerte y guiarte durante toda la vida. Lo dice en el Éxodo: “Yo voy a enviar un ángel delante de ti, para que te proteja en el camino y te conduzca hasta el lugar que te he preparado”. Y Jesús expresa: “Yo mando ángeles delante de ti para cuidarte, para acompañarte en el camino, para que no te equivoques”.
Hoy 2 de octubre se lo conmemora no recientemente sino desde hace más de mil años, devoción que hace poco el Papa Francisco invocó tenerlo presente en nuestras vidas doloridas.
DANILO SÁNCHEZ LIHÓN
 
*****
 
2 DE OCTUBRE
 
 
DÍA
DEL ÁNGEL
DE LA GUARDA
 
 

FOLIOS
DE LA
UTOPÍA
 
EL HOMBRE
Y SU
ÁNGEL


Danilo Sánchez Lihón
 
 
1
 
¡David,
yo te conozco bien, muchacho!
¡Y sé
por qué ahora tus ojos se nublan
y vagan
tanto! Por eso te abrazo. Yo, el
primero,
grito que estoy contigo; contento
y orgulloso.
Que por ti pongo mis manos en
el fuego;
que por ti me saco el sombrero.
 
 
2
 
Y
rompo mi lanza con quien sea.
Porque
te veo poner indómito el hombro
en lo  más
hosco del muro y lo más rajado
del puente.
Porque eres ciego para arrojarte
a la corriente,
porque eres cabal en todo, puro
aunque
te quieran arrancar hoy los ojos.
 
 
3
 
Te amo
ahora sí a ciegas, te amo ahora
fanáticamente. Te amo ahora sí
hasta
arrastrarme por el suelo, y esto
a fin de que
no vayas a ese abismo, calmes
un poco,
y apacigües las manos con que
ahora
meces tus cabellos. En realidad
no son tus
manos, ni siquiera te pertenecen,
Ellas
¡son mías! O por breve momento
cédemelas.
 
 
4
 
Yo
debo confesar que mi amor por
ti, es
virtuoso y justo, tanto que lo digo
abiertamente,
y ya que te has calmado un poco
escríbelo.
¡Mueves la mano, pero mi voz no
te pertenece!
¡Tú me prestas tus latidos, estos
instantes
de vida y tiempo, para que yo
declare
lo mucho que te quiero, y amo
tanto!
 
 
5
 
Creo
mi deber decirlo ahora: ¡pongo
mi pecho
delante de ti donde tú decidas!
Te saludo
porque te veo y siento legítimo.
Te amo,
porque eres derecho e incólume.
Y esta
confesión de amor incondicional
la expreso
porque veo en ti que todo está
bien.
 
 
6
 
aunque no sé por qué el mundo
ahora
se te enreda y cae a pedazos.
No sé
por qué se abalanzan contra ti
los demonios
protervos. ¡Yo no comprendo,
te soy franco!
Porque veo, desde aquí, que tú
no has
fallado, que cuando te has ido
estaba
bien que lo hicieras, que eso
era
lo correcto y lo necesario.
 
 
7
 
Eres,
¡niño estupendo, adonde vayas,
en donde
entres. ¡Y sé hasta qué abismos
te asomas!
¡los acantilados donde te paras
con los pies
muy fuertes! ¡Al borde siempre!
Sobre todo
cuando miras callado. Cuando
me miras.
¡También cuando te encomiendas!
¡No te
acobardes, muchacho! Tira para
adelante
y que ya no te importen esos
aullidos,
ni se te ocurra voltear otra vez
ni darles la cara.
 
 
8
 
Quiero
decirte que sacaré mi espada
y no temblaré
en defenderte. ¡Porque debo
confesar,
sin ambages, que me gustas!
Que
te abrazo a ti ¡niño hermoso!,
a quien miro
con los ojos hundidos en sus
anhelos.
A quien siento tan nítido, tan
legal
y digno de mi mayor aprecio;
candoroso y
núbil. ¡Niño del alma!, ¡genial
y atolondrado!
No sé entonces ¡porqué esos
zarpazos y
aullidos de lobos en tu puerta!
 
 
9
 
Te
quiero, más cuando tus ojos se
escarchan
de lágrimas. ¡Y no dices nada!
Sólo
observas revolverse el torrente;
cuando
te conmueves, hasta el sollozo,
de doblar
la esquina en nombre de todos
los hombres
que han muerto, echándote así
el mundo
a los hombros en el lugar más
tenebroso!
 
 
10
 
¡Y sé lo lejos que andas en tus
anhelos!
Los recodos donde te internas.
Por eso
yo te expreso explícitamente mí
cariño.
Lo grito en el mar, ¡y si quieres
ante un
gentío! ¡O en una plaza! Estoy
enamorado
de ti: cuando duermes, cuando
te cobijas
aterido, de cómo andas, cómo
piensas.
¡De cuanto tú te apenas! Estoy
fascinado
de ti, ¡de cómo te has quedado
solo!
 
 
11
 
Te
amo y simplemente escúchame
a mi ¡David!
Óyeme siquiera. ¡Hazme caso!
Es peligroso.
¡Esta noche no, es muy oscura!
También
debes ser sensato y cauteloso.
¡No vayas!
Lo menos que puede sucederte
es que te
destrocen los perros. ¡Mira por
dónde
me traes. ¿Por qué eres ciego
y caprichoso?
¿Sin medir las consecuencias?
¿Por qué
incendias así todas tus naves?
 
 
12
 
¡Pobre
chiquillo!, al final tan indefenso!
Llamaré
a tu madre. Está bien... ya está
bien.
Ella no está aquí. Claro. Le diré
que eres
dichoso y muy feliz. ¿Contento?
Pero
ahora desahógate y abrázate a
algo.
Reclínate a este muro. ¡A este!
¡El de tu
casa! Bueno, ¿si no es tu casa
entonces
de quién es? ¡Y nada de bailar
como un loco
a solas! Esconderé esa música
de indios
con que te retuerces peor que
si tú
hubieras bebido una cuba de
vino.
 
 
13
 
Yo
me acobardo frente a las cosas
que haces,
como avanzar con una bandera
en la mano
por hondos precipicios, a ratos
rasgada
por la tempestad y desflecada
por el oleaje.
Es que eres el portaestandarte
de tu pueblo.
Y tu gente te observa avanzar
firme y
raudo por los caminos y atajos;
pendiente
de tus pasos y el vuelo de tus
alas.
 
 
14
 
Es que tú  encarnas su destino;
porque
llevas las insignias de realeza,
porque
confían en ti para que cuides
el diamante
que son y atesoran. Así que tú
tranquilo.
Eres el guerrero. ¡Por si acaso!
Eres,
y vale que te lo recuerde, aquel
que
siempre esperé que fueras. ¡Y
 soñé,
te lo juro, con que ello fuera
cierto!
 
 
15
 
Por
eso debo declarar mi amor por
ti.
Expresar que yo te elijo delante
de todos,
en cualquier circunstancia, sin
aspavientos
ni cortapisas. Ese es mi deber
y justicia
hacerte explícita mi adhesión,
porque
no has fallado, lo digo y repito.
Tengo
que sacar las uñas en tu nombre,
y defenderte en
silencio, como la mejor manera
de estar contigo.
 
 
16
 
Quedándome callado e inmóvil,
dejando
todo en su sitio, esfumándome
y yéndome
adonde se revuelve el océano.
¡A decirle
lo que eres, aunque ya lo sepa!
Tus ojos
se empañan porque vagan por
regiones
de misterio, en donde ya no hay
ni siquiera
enigmas. Donde no encuentras
los rastros
de aquellos amigos tuyos que
sucumbieron.
en las montañas, donde ya no
hallas
ni sus gritos ni sus pasos.
 
 
17
 
Pero
¿qué ha pasado con el amor?
Has sido y
eres cruel con él. ¡Lo castigas
tan
duramente! ¡Lo pones tanto a
prueba!
Te alejas tanto de todo abrigo y
de toda
cobija. ¡Y qué capacidad la tuya
para
olvidarte tanto del amor! Estamos
de acuerdo,
¡no de amar! Eso lo sé y no es
necesario
que me lo digas ni tampoco que
lo reiteres.
¡Pero yo estaré contigo! ¡Yo te
amaré
día y noche! Velaré tu sueño,
te consolaré
cautivo. Y me hago dueño de tu
pena.
 
 
18
 
Y pásame
un poco tu caída. Además, no
creas
que no hay nadie a quien no le
intereses;
y que no han de sentir si algo
grave
te ocurriera. ¡Yo te amo tanto!
Perdóname
más bien que recién te lo diga,
que quizá
ya no tenga mucho sentido.
 
 
19
 
¡Pero
deja ya ese gesto atribulado! O
échate a
llorar. Si quieres lloraré contigo.
¡Desahógate y
grita! Gritemos juntos si aceptas.
Pero no
te desalientes. ¡Aunque sé cuan
hondo
es el pozo y el páramo donde has
caído
hundido, ¡hermano de mi alma!
Pero
no desfallezcas. ¡No tirites así!
Y
cógete fuerte de mí, si quieres.
 
 
20
 
Piensa
en algo muy tierno, en algo vivo,
en algo
hermoso. Recuerda a alguien que
signifique
mucho para ti, quizá consuelo.
¿Por qué no?
Haber, cálmate. Ya todo pasó.
Y duerme.
Descansa. Habla, si deseas. Di
qué pasa.
Yo cruzaba por aquí, vi luces y
he subido.
 
 
21
 
Ha sido una noche atroz, pues
jugar
con cuchillos tú sabes que no
es bueno.
¡Nunca más hagas eso! Subir
al borde
de la azotea también es muy
peligroso.
Está bien. Ahora no digas nada,
apagaré
la luz y duerme. Despreocúpate
de todo.
Yo te defenderé si hace falta.
Pero
duerme niño, es lo mejor para ti
y para mí.
 
 
22
 
Abrázame
si te hace falta. Recuéstate en
mi cuello
y olvídate. Yo sólo repetiré tu
nombre:
¡David! ¡David! ¡David! ¡Ya, ya,
comprendo!
¡No diré nada entonces! Pero
calma. Lo peor
ya pasó. Descansa. Y sosiego.
Oraré
por ti y pediré a Dios que te
auxilie.
¡Mírame también a mí cómo
tiemblo!
Pero descansa, niño, descansa.
Respira
hondo. Ya ves que todo pasó.
¡Y
mira allá! Sí, es cierto, hay otro
universo.
 
 
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