lunes, 5 de septiembre de 2016

SANTA TERESA DE CALCUTA: FLOR DEL PARAÍSO - POR DANILO SÁNCHEZ LIHÓN


 
CAPULÍ, VALLEJO Y SU TIERRA
Construcción y forja de la utopía andina
 
2016 AÑO
CONSTRUCCIÓN DE CONCIENCIA
Y CONCRECIÓN DE SOLUCIONES
 
SEPTIEMBRE, MES DE LA PRIMAVERA,
DE LOS DERECHOS CÍVICOS
DE LA MUJER, EL NIÑO Y LA FAMILIA
 
CAPULÍ ES
PODER CHUCO

 
SANTIAGO DE CHUCO
CAPITAL DE LA POESÍA
Y LA CONCIENCIA SOCIAL

 
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EL CEMENTERIO DE SANTIAGO DE CHUCO,
EL DE MONTPARNASSE EN PARÍS, Y CÉSAR VALLEJO

El cementerio de Santiago de Chuco se halla como quería Machado: En la ladera de un monte/ más alto que el horizonte / quiero tener buena vista. Claro que no mira al mar. Mira a la cordillera de los Andes y al pueblo. El cementerio de Montparnasse, por el contrario, está en una planicie rodeada de construcciones, porque es parte del barrio del mismo nombre. Dicen que antes fue un monte que luego fue aplanado. No sé. Pero ahora luce así. Sin embargo  tiene un nombre inmejorable: el Monte Parnaso, el lugar donde habitan Apolo y las musas, el lugar de los poetas.
En el cementerio santiaguino menudean nombres como Geldres, Ruiz, Pereda, Benítez, Ávila, Aguilar, Sánchez, Castillo y también, Vallejo; nombres, estos, familiarizados con  nuestros oídos pueblerinos. En el Montparnasse, además de los múltiples apellidos galos está Cortázar, Fuentes, Ionesco, Beckett, Duras, Tzara, y Vallejo, nuestro César, el que amaba la vida enormemente con su muerte querida y su café. Está allí, perdido entre muchos, con huellas peruanísimas sobre su tumba como muñequitas huancaínas, cartas y maseteros que incluso llegan a ocultar su nombre, y un texto de Georgette esculpido sobre la lápida que no logro descifrar pero que sospecho  ha de contener un justificado reclamo.
El camposanto de Santiago es obviamente mucho más pequeño que el parisino. Y no tiene avenidas, ni mapas como este. Y mientras que en  el Montparnasse la hierba está en su lugar, quiero decir, respetuosa y tímida en torno a algunas tumbas. La hierba en Santiago las abraza, interrumpe el camino, otorga al cementerio un caos verde lila que a mí me gusta mucho. Por eso discrepo con el vals “El guardián” en el que el bardo pide al sepulturero deshierbar su sepulcro día a día, y no permitir  que crezca enredadera ni nada…
Los cuervos son aves prestigiadas en la literatura y hay algunos en el Montparnasse. Permanecen habitualmente silenciosos aunque a veces  aventuran uno que otro graznido. En Santiago hay tordos, chahuishos los llaman, más negros que los cuervos y, largo, de mejor y variado cantar.
El maestro Juan Gonzalo Rose, poetizando la terrible circunstancia de “Helmo”,  un peruano muerto en el destierro, escribe: ¿no te aprieta el cajón, como si fuese/ un zapato prestado?/ la tierra en la que duermes/ ¿no transpira/  sabor a pan ajeno? Difícil saberlo y no sé si es justo extrapolar estas preguntas a Vallejo. Porque él, a pesar de su Santiago, fue un ciudadano del mundo. Actor de los principales sucesos que sacudían el orbe. Y París es un excelente centro. Pero sí sé que calzan, en Vallejo, estos versos suyos para “Pedro Rojas”, el mítico combatiente por la República Española: Registrándole, muerto, sorprendiéronle/ en su cuerpo un gran cuerpo para el alma del mundo,/ y en la chaqueta una cuchara muerta.

Trujillo, 4 de setiembre del 2016

ÁNGEL GAVIDIA
 
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PRÓXIMA ACTIVIDAD
 
AULA CAPULÍ
 
SÁBADO 17
DE SEPTIEMBRE. 1:30 PM.
CASA DE AMELIA MELGAR
 
PROGRAMA:
1. EVOCACIÓN DE CORACORA.
2. HOMENAJE A ZULEMA VÁSQUEZ,
A CARGO DE AMELIA MELGAR.
3. PRESENTACIÓN DEL CD.
“DANILO, CANTO DEL ALMA”
VOZ Y GUITARRA: DOLY
PRÍNCPE Y JULIO HUMALA.
4. ALMUERZO DE CONFRATERNIDAD.
 
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SANTA
TERESA
DE CALCUTA
 
 
FOLIOS
DE LA
UTOPÍA
 
FLOR
DEL
PARAÍSO
 
 

Danilo Sánchez Lihón
 
 
1. Una sola
evidencia
 
Se dice que si dudásemos ya sea por un momento o de un modo continuo, de que el Paraíso existe, nos bastaría una prueba sencilla: que se nos muestre, esto es: una sola flor que allí crece y que tiene todo el aroma de ese lugar.
Que si no tuviéramos suficiente seguridad de que hay una dimensión trascendente en nuestras vidas y más allá de la muerte, nos contentaría ese testimonio concreto que resultaría irrefutable.
Que si nos entrasen cavilaciones de si hay o no hay un Dios verdadero, amoroso y omnisciente nos bastaría para despejar incertidumbres con un hecho efectivo y tangible, en donde no nos quepa duda que está palpable e innegable su providencia.
Y entonces en ese proceso lleno de recelos y cavilaciones y ya obtenida esa prueba, nosotros no tendríamos nunca más vacilación alguna. Si tuviéramos esa evidencia, testimonio y constancia, concentrado en un hecho real, eso bastaría. ¡Ya no cabría reparo alguno! ¡Y creeríamos!
¿Como qué por ejemplo? Lo que les decía: ¡qué de aquel reino se pusiera en nuestras manos una flor! ¡La Flor del Paraíso!
 
2. ¿Entonces
qué?
 
Y que por donde se lo mire, aquella flor por su excelsitud solo tiene que proceder de aquel lugar, puesto que sería inconcebible que se piense siquiera que proviene de cualquier otro sitio.
Puesto que además la exigencia ha sido que esa flor sea real, concreta y asequible. Diríamos entonces: ¿qué más constancia y evidencia contundente de que esta flor primigenia e impoluta viene de allí?
¡Que no cabe que una flor así pudiera hundir sus raíces en otro mundo que no fuera aquel! Que solo puede brotar en el Paraíso. ¡Y entonces es verdad que él existe! Y que hay una dimensión trascendente más allá de esta vida ordinaria, pedestre y mezquina.
Ya nadie entonces cavilaría, y sería indiscutible que Dios es verdad. Siempre y cuando esa flor apareciese y nos constase totalmente que es auténtica, que no es fábula, ni cuento, ni habladuría, ni invento.
¿Entonces qué? ¿Qué diríamos? Ya nada. Aceptaríamos la evidencia. Pues bien: ¡Esa flor primorosa, evidente y excelsa es la Madre Teresa de Calcuta!
 
3. Con tal
de salvar vidas
 
Para el mundo moderno lleno de atrocidades, crímenes y violencia sin par, es flor excelsa.
Que nos consta. La hemos visto, purísima, incluso los medios de prensa y de comunicación han registrado su figura. Y cada accionar suyo, día a día.
Y no solo porque irradia esa pureza, sino por algo aún más contundente: se arriesga a lo más grave, extremo y mortal, en esta y seguro que en otras, vidas.
Pone sus manos en las llagas de los enfermos de lepra, atiende sin temor a la sangre de los infestados con Sida.  Recoge moribundos a veces contaminados de gusanos y plagas contagiosas, de los basurales de esta y la otra ciudad del mundo.
En Chernóbil no le arredró las radiaciones de la planta siniestrada, con tal de salvar vidas y darles esperanzas.
En Beirut atravesó las líneas de fuego de los dos ejércitos en pugna, con tal de rescatar niños que quedaron atrapados, y que corrían peligro de muerte.
 
4. Fortaleza
e inspiración
 
Su vida la reconoce como un instante fugaz, pero también, y a la vez, y al mismo tiempo, eterno.
Entonces, ¿qué nos queda? Ser sencillos, sinceros y valientes. ¡Y creer!
¿Porque, acaso, alguien puede ya dudar? ¿Y creer que no es ella una Flor del Paraíso, palmaria, evidente y absoluta?
Que además: ¡tuvo como nosotros los pecadores tiempos de sequedad, de aridez y sufrimiento!
Períodos en que Dios era un camino que se perdía en el páramo o en el desierto de los días, sin huellas por dónde seguirlo.
Sin embargo, continuaba lavando heridas, curando enfermos, orando por todos quienes sufrimos.
Seguía atendiendo a moribundos. Seguía padeciendo junto a Jesús, pero teniéndolo a él siempre presente como guía, fortaleza e inspiración.
 
5. Verla
en persona
 
La dimensión y el significado de la Madre Teresa queda graficado en una anécdota sencilla que aquí trataré de contarla: Bañaba a un leproso, y un periodista inglés se anotició que ella estaba cerca.
Reconociendo que la suerte le deparaba el privilegio de conocerla, fotografiarla y poder entrevistarla, se apuró entonces en ir hacia ella. Pugnó por entrar al local y efectivamente pudo conseguirlo: verla en persona a la Madre Teresa era una primicia, pero verla lavar a un leproso…
Al contemplar la escena de cómo limpiaba las llagas y exprimía las pústulas; de cómo desprendía las placas de los abscesos, unos húmedos y otros resecos, no lo pudo soportar.
Al invadirle el olor nauseabundo de los tejidos dañados que se desprenden como guiñapos del cuerpo necrosado y al contemplar la rigidez inexpresiva del enfermo por el sistema nervioso atrofiado, y ya sin poder soportar lo que sentía el periodista tuvo arcadas, náuseas y después  prorrumpió en vómitos incontenibles.
 
6. Sí
por amor
 
Y aún más le estremecía al periodista el horror de ver cómo esa persona sana podía ser contagiada por la lepra que es una enfermedad extremadamente infecciosa.
Ya repuesto de sus dolencias y mortificación, pero a una distancia prudencial alcanzó a decir:
– Ni por un millón de dólares yo haría lo que ella hace.
Pudo escucharle la Madre Teresa, quien besó amorosamente al enfermo, se secó las manos y acercándose un tanto al periodista le expresó:
– Yo tampoco lo haría por un millón de dólares. Pero sí por amor.
Y es en esta frase en donde está la clave; es en este pasaje aparentemente simple, y hasta fútil, en donde se resume y contiene toda la significación del apostolado de la Madre Teresa de Calcuta, tan necesario, urgente y fundamental en la actual sociedad de consumo.
 
7. Por
dicha razón
 
No se arredraba ella ante la lepra, como tampoco ante el sida, ni ante el espanto de las radiaciones en Chernóbil. Ponía sus manos, su alma y su corazón allí donde el espanto y la crueldad asolan y devoran al hombre. Más ahora en que pareciera que todo está dominado por la ley de la oferta y la demanda, por el dinero, los negocios y la mercancía, ¡qué importante entonces la evidencia de sus actos!
En el esquema aquel que ha convertido al hombre en un ente que acumula riquezas materiales, y al ser humano que porta el don divino en una cifra y en una acción de compra venta, qué fundamental resulta su predicamento.
Por dicha razón una vida así resulta trascendental por ser una prédica a favor de lo que nunca debiéramos perder, cual es el sentido trascendente de la vida y el amor como su enseña. Y un pasaje como el que hemos comentado quizá en su aparente simplicidad grafican el valor de una presencia fundamental en la vida de todos los tiempos, un destino como el de la Madre Teresa de Calcuta, quien es entre nosotros una Flor del Paraíso, para que no nos quepan dudas de que él existe.
 
 
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CONVOCATORIA
 

XVIII ENCUENTRO INTERNACIONAL
CAPULÍ, VALLEJO Y SU TIERRA
 
TELÚRICA DE MAYO, 2017
 
LIMA:
 LUNES 22
 
TRUJILLO:
 MARTES 23
 
GUADALUPE
MIÉRCOLES 24
 
CHEPÉN
MIÉRCOLES 24
 
OTUZCO
 JUEVES 25
 
HUAMACHUCO
 JUEVES 25
 
SANTIAGO DE CHUCO:
 VIERNES 26
 SÁBADO 27
 
CACHICADÁN
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ANGASMARCA
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