LA
BITACORA LITERARIA EN PUKA YACU
DEL
INGENIERO FRANSILES GALLARDO
Escribe:
Víctor Urquiaga Arroyo
El ingeniero civil Fransiles
Gallardo sabe que llevar una bitácora nutrida de cada obra realizada es
fundamental para garantizar la vida misma de cada construcción encomendada.
Lo bueno de estos libros de
apuntes es que también pueden ser fuente de inspiración para tomarle el pulso a
cada lugar recorrido, en este caso a Tocache, ciudad enclavada en un rincón de
la cálida selva peruana.
El ingeniero Gallardo no se
queda contento con poner solo una serie de fórmulas para demoler adecuadamente
el viejo colegio 412, en el proceso de construcción del nuevo centro educativo,
sabe que debe poner buenas vigas de cimentación, pero además establece una
línea de base narrativa para personajes que nos describirán cada contexto
social, político o cultural que vaya observando.
Así, Fransiles Gallardo
construye dos veces: Hace una obra física y nos entrega también un tangible
literario que pone contexto al trabajo realizado.
Fierro, cemento y ladrillos
han sido colocados en un lugar, en un momento, en un entorno.
El ingeniero ubica también
en su bitácora la sensibilidad social que lo rodea y establece la sísmica de
cada uno de sus actores y detecta movimientos intensos.
El suelo nunca está parejo
en la obra literaria de Fransiles Gallardo, cada página describe a sus actores de la misma forma como un sismógrafo
puede darnos data precisa en un entorno emocionalmente volcánico.
Narcotraficantes,
terroristas, prostitutas, soldados, ancianos, jóvenes, cantantes y muchos
personajes más interactúan con la traición, el dolor, la intriga, el misterio,
las dudas y por supuesto con la muerte, que aunque en muchos casos aparece
triunfante, es retada en las siguientes páginas por un nuevo texto que tiene
nuevas dosis de esperanza y humor, cambiándonos el plano, moviéndonos el piso,
en favor siempre de una segunda reflexión de lo leído.
Puka Yacu no sólo nos ofrece
cuentos, son en realidad historias en clave, crónicas de un observador de la
realidad que desde la formación académica de ingeniero puede ponerle un número
y un valor fijo o variable a cada personaje que desfila por sus ojos.
Nos cuestiona, nos hace
recordar que el Perú no es sólo la Lima romántica de Abraham Valdelomar, ni la
serranía sufriente de José María Arguedas, en la selva también hay tensiones,
pulsiones, gente que clama por ser escuchada en un contexto donde la violencia,
si bien es cierto genera más violencia, también deja espacios para pensar y
apelar a la memoria, que es una función tan poco utilizada por las grandes
mayorías de nuestro país, así como por la clase política en su conjunto.
Desde mi perspectiva, Fransiles
Gallardo no es sólo un ingeniero que escribe, que ya es bastante, es además un
ser humano a quien la impronta de su natal Magdalena lo acompaña siempre y lo
pone en perspectiva para ver la vida cotidiana sin prejuicios, revelando y
describiendo tantos ángulos como los que
sus coloridos personajes nos puedan ofrecer.
No sólo de modo descriptivo,
sino retador, como lo suele ser todo buen cajamarquino.
Dicen que la realidad supera
a la ficción y Fransiles Gallardo lo sabe bien, por eso toma ese elemento, le
da forma y trabaja con ella de la misma manera como supervisa la armonía e
interacción de las varillas de acero con el cemento y los ladrillos.
Sus textos fraguan en
nuestra conciencia para dejarnos el mensaje de nunca olvidar lo que pasó y
quizá sigue pasando en un lugar concreto de la selva peruana, recordada
irónicamente como pulmón de la humanidad.
Fransiles Gallardo nos hace
comprender un país a través del sonido original con el que sus actores hablan,
gritan, piden perdón o claman por justicia.
En Puka Yacu la riqueza del
lenguaje nos ubica de lleno en un entorno caliente en todo sentido, donde los
sendos vasos de cerveza helada servirán para seguir alentando nuevos cuentos
que en realidad son historias y reflexiones en torno a un país donde la memoria
sigue siendo un don extraño, electivo y volátil.
Esperamos que la bitácora de
Fransiles Gallardo siga recorriendo el país con ese afilado lápiz, con el que
puede ofrecernos relatos intensos, de la misma forma con la que ejecuta un
efectivo cálculo estructural.
Gracias Fransiles y que las
musas de la literatura te acompañen para hacerle frente a los duendes y los pishtakos,
que retan a los ingenieros cuando ponen sus pasos de
vanguardia en los lugares más alejados de nuestro país.
Ing° Pedro Salas, Presidente de la
Comisión de Relaciones Internacionales del Colegio de Ingenieros,
Víctor
Urquiaga Arroyo, comunicador social, Fransiles Gallardo y José Ignacio
López Soria,
filósofo y ex Rector de la Universidad Nacional de
Ingeniería; durante el conversatorio
sobre
la obra literaria de Fransiles Gallardo.