miércoles, 16 de junio de 2021

DÍA DE LA CANCIÓN ANDINA - POR DANILO SÁNCHEZ LIHÓN

 


 

Construcción y forja de la utopía andina
 
JUNIO, MES DE LOS NIÑOS,
DEL MEDIO AMBIENTE, DE LA GLORIA
DE ARICA Y DE LA IDENTIDAD ANDINA
 
CAPULÍ ES
PODER CHUCO


 
SANTIAGO DE CHUCO
CAPITAL DE LA POESÍA
Y LA CONCIENCIA SOCIAL


 
*****
15 DE JUNIO


DÍA
DE LA CANCIÓN
ANDINA


FOLIOS
DE LA
UTOPÍA


 YARAVÍ,
CANTO
DEL ALMA



Danilo Sánchez Lihón
 
 
1. Afable
y gentil
 
Mi padre era maestro, pero también músico; quien incluía en el repertorio de la orquesta que dirigía algunos yaravíes.
Cuando se interpretaban en una fiesta las personas dejaban de bailar para escuchar conmovidas y arrobadas; en el fondo dichosas y exaltadas porque la cadencia y la letra llegaban al fondo del alma.
Era entonces la ocasión para que desde cualquier lugar de la casa donde se celebraba una levantada de niño, un bautizo o una boda aparecieran cantantes que con voz sentida, temblorosa y profunda entonaban inspirados la letra del yaraví.
Lo hacían con voz quejumbrosa logrando que las personas se entusiasmaran y prorrumpieran en arengas seguramente evocando hondos e inolvidables amores.
A él le escuché decir que el yaraví era triste, pero de intensa fortaleza, a la vez afable y gentil. Que era canción evocativa de los mitimaes quienes debían dejar sus pueblos para ir como civilizadores y maestros a enseñar, pero a quienes embargaba la nostalgia de la tierra natal.
 
2. El corazón
rebosante
 
De allí que el yaraví es fino y cortés, como expresión de un ser sensible y añorante de su tierra, su paisaje y de los seres queridos que había dejado en él.
En su identificación con su cultor decía que era un maestro, de espíritu noble, que sabe conceder y renunciar. Que anhela el bien de la persona amada así esté distante y ya sea ajena. Y prefiere antes que el daño a ella el mal y la muerte para sí.
En el fondo y en el todo ya como expresión mestiza decía que el yaraví es arequipeño y su genuino cultor Mariano Melgar, quien se deja morir por Silvia, su amada, en el campo de batalla de Umachiri.
Que fue Melgar quien al hacerse chacarero unió la poesía culta que dominaba, con la poesía popular de ancestro indígena. Y revivió el yaraví como un lamento y una quejumbre por el amor ausente y tal vez perdido.
Por eso asocié de niño al yaraví la canción “Melgar” compuesta por Percy Gibson y Benigno Ballón Farfán, y que grandes y chicos lo cantamos a gritos en mi pueblo, con el corazón rebosante sobre todo en aquellos versos que dicen: “Silvia, adiós, ya llegado el momento de partir…”
 
3. Cadencia
y quejido
 
Ahora el yaraví se lo vincula también a la protesta social y al anhelo de un mundo justo y redimido. Y mientras se entona se jura:
– ¡Salud, hermano!
– ¡Salud y adentro! ¡Y por ellas, aunque mal paguen!
– ¡Pero hasta el fondo a ver si mata!
– ¡Que mate, hermano, para verlas llorar siquiera sobre nuestro ataúd!
– ¡Qué es eso camaradas! ¡La vida hay que apreciarla para hacer la revolución social!
– ¡Pero, hermano! ¿Para qué vale esta vida sino es para amar?
– ¡Has dicho lo justo, sin amar, nada! ¡Pero hay que saber qué amar! ¡Y Melgar también amó a su pueblo y amó a su patria! ¿Por qué quedarnos en que solo a Silvia?
– ¡Es cierto! ¡Que viva Melgar!
– ¡Pero entona otro, hermano!
Y surge todo cadencia y quejido, hondo y dulce, el yaraví.
 
4. Licor
en flor
 
Por eso, y es cierto, yaraví también son los soldados que marchan a enfrentarse en los campos de batalla.
A entregar su vida aparentemente por un ideal, pero en el fondo por el amor total, incluyendo a la mujer lo que inspira la inmolación. ¡Y eso es Melgar!
Por eso, el yaraví son ojotas, poncho, ¡a mucho orgullo y a mucho honor, compañero! Es bayeta campesina que va por los senderos que muchos hemos elegido seguir. ¡Y eso es Melgar!
Yaraví es atuendo campesino, pobre, pero bajo cuyas texturas late un inmenso corazón. ¡Qué más da! Son variadas, gastadas y descoloridas bayetas. ¡Y eso es Melgar!
Es el revuelo de una falda. Es noche intrincada del alma. Es mi aliento junto a tu aliento y al aliento de todos. ¡Lo juro y lo prometo que es así! ¡Y eso es Melgar!
Tener alma de Yaraví es desgarro, espina, licor en flor. Es tender caminos. Es llorando cruzar puentes. Es pastar nubes en lo alto de las cumbres. ¡Y eso es Melgar!
 
5. Noche
hechizada
 
Yaraví es tener recorridas y transidas fondas y posadas bajo los pies andariegos. Y engarzados solitarios e infinitos luceros del alba en la frente.
Es el rasgueo del arpa o la guitarra siempre al borde de los abismos en las horas desoladas.
Es cuando se borran todos los caminos y tenemos que seguir abriendo nuevos senderos. Son resquebrajaduras en el alma y sentir que los pasos ya no son pasos.
Por eso se lo entona y canta al filo de toda despedida, en las chozas sobre los precipicios. Es canción que tiene el brillo luminoso y la sombra de todos los cuchillos que se blanden.
De allí que al yaraví se lo concibe bajo las tempestades, cuando el turbión del río ha cargado y se desborda arrastrando todo a su paso.
¡Sí, es el yaraví, cuando la noche está hechizada! ¡Sí, no hay caminos y la vida yace desgarrada!
¡Sí es el ánima tasajeada en mil pedazos! ¡Sí, empapada tu blusa de mis lágrimas y tus lágrimas!
 
6. Es lucir
nuestro dolor
 
Yaraví es el amor contrariado. Es la expresión máxima y sublime del sentirse solos. Donde todo esto que es inmenso le sucede solo a uno, a nadie más. Es mi suerte
Es el destino que se ensaña conmigo, se dice en el yaraví. Porque tengo los ases cruzados y marcados con un sino fatal.
Es el ser a quien más amo quien me quita la vida, que la doy a gusto porque es mi prenda adorada.
El yaraví es expresión límite, extremada y dicha al final. Donde la pena y la congoja combinan con los acentos, los rasgos y los gestos.
Y la cadencia de la canción es quebrada, acongojada y nostálgica. Es un grito de dolor al que se le ha puesto acordes de guitarra, compás, cadencia y tonada.
Es un desgarro del alma cantado y convertido en mujer. Es nuestra vida que se deshace en la rueda del destino acompañada de bordoneos de vihuela. Es lucir nuestro dolor.
 
7. Es la esencia
de Arequipa
 
Canta el yaraví el amor doliente, casi siempre en quejas y reproches por la dureza, la indiferencia y la inconstancia de la pareja.
Es trago sublime y transparente; con la identidad de alguna niña cuyo nombre llevamos tatuado en la sangre en esta vida y ya eternamente.
Hasta cuando seamos otra vez corpúsculos de viento, de luz o de agua.
Cuando otra vez volvamos a la naturaleza primigenia, llevaremos ese nombre inscrito en nuestro estandarte y en el estremecerse de nuestras moléculas trémulas.
Y es cuando toda mujer entrañable e inmensa ha de llamarse con ese nombre: yaraví.
Por eso, al brindar por el yaraví, brindemos por el mundo andino.
Y nuestro saludo fervoroso, nuestro corazón emocionado por la esencia de Arequipa, que es hasta en sus piedras, el yaraví.
 
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