lunes, 21 de junio de 2021

21 DE JUNIO: DÍA DE LA MÚSICA - POR DANILO SÁNCHEZ LIHÓN

 



CAPULÍ, VALLEJO Y SU TIERRA
Construcción y forja de la utopía andina
 

JUNIO, MES DE LOS NIÑOS,
DEL MEDIO AMBIENTE, DE LA GLORIA
DE ARICA Y DE LA IDENTIDAD ANDINA
 
CAPULÍ ES

PODER CHUCO

 

 
SANTIAGO DE CHUCO
CAPITAL DE LA POESÍA
Y LA CONCIENCIA SOCIAL

 

 
*****
 
ESTE NO ES CUALQUIER AMOR

Por eso creo que el amor a nuestro país no es cualquier amor porque es difícil pero por ello intenso, hondo y consagrado. Que no es fácil amarlo porque rechaza lo superficial y exige lo prístino, repudia lo abyecto y reclama lo puro.
Yo he aprendido a amarlo más mirándolos a ustedes niños y jóvenes, cuando los he visto decididos a ser felices aquí y ahora, sin plazos, fatigas ni postergaciones.
Cuando he constatado que su alegría no tiene culpa sino que aflora cristalina. Cuando los he visto dibujar, pegar y poner en un mástil sus banderas y desfilar tras ellas asentando firme el paso.
O cuando los he contemplado vestirse de héroes para una actuación cívica, y ante sus preguntas ansiosas, con los ojos muy abiertos de si esos personajes existieron yo les he dicho la verdad: que sí, que existen ahora y que están alrededor nuestro.
Porque sus almas reviven en ustedes, y porque no se puede ser leal con un país como el nuestro sin alentar una actitud heroica. Y que todo ello no es un adorno sino un desafío para asumir como actitud fundamental aquí y ahora.
El hecho de que vivir en el Perú supone sacrificio, constancia y coraje, debiendo confiar más en la educación y en la cultura que podamos construir para desbrozar obstáculos y vencer dificultades.
Por eso, creo que el amor a nuestro país no es cualquier amor porque es difícil pero por ello intenso, hondo y consagrado.

DANILO SÁNCHEZ LIHÓN
 
*****
 
21 DE JUNIO

 
 
DÍA
DE LA
MÚSICA
 
 
FOLIOS
DE LA
UTOPÍA
 
CONSTRUYE
QUIEN
CANTA
 
 
Danilo Sánchez Lihón
 
La música da alma
al universo
alas a la mente, vuelos a
la imaginación.
Da consuelo a la tristeza
y ¡vida!
Y otorga alegría a todas
las cosas.
Platón
 
1. El que canta
abraza
 
Evoco en relación a las canciones el patio de malvas de mi escuela en donde cantábamos a pulmón henchido.
Evoco el borde de los tejados, alumbrados por el sol de junio, teniendo al lado a nuestros maestros, abrigando altas esperanzas y sueños.
Evoco el patio en donde entonábamos a gritos canciones que se nos han quedado grabadas en el alma.
He allí la importancia de cultivar el arte del canto en las escuelas.
Porque el que canta adora, reza, agradece, tiene fe.
El que canta abraza, acaricia al hermano, a la flor, a la casa y al pueblo donde nació.
Ya asoma la primavera
mil de flores se ven ya
una rosa perfumada
con un joven tulipán.
 
2. El sol
de junio
 
El que canta vuelve donde se crio y también regresa al pueblo donde ahora vive.
El que canta besa.
El que canta le está diciendo al mundo que es grato estar aquí, que es dichoso todo, y que así sea que cunda la adversidad nos sobreponemos a la pena y celebramos con dicha la vida.
Por el hecho de cantar la penuria misma deja de ser totalmente sombra para ser algo que de algún modo nos engrandece.
El que canta es fiel con la vida y la creación.
Ensalcemos la memoria
de los héroes de la historia
de los héroes que a la patria
dieron gloria y libertad.
 
3. Es
convicción
 
¡Con las canciones hasta la muerte nos parece que ha de ser un tránsito lleno de valor, y hasta la vida!
Porque creo que cuando ello ocurra inevitablemente y mientras la sombra se acerque, del fondo de nuestro ser algo surgirá.
Surgirán del fondo de nuestro corazón las notas de una o varias de aquellas canciones que entonamos en nuestra infancia en las mañanas diáfanas en nuestro centro escolar.
Y qué bueno sería que nos encontráramos en ese momento supremo modulando una canción de nuestro lar nativo, para lo cual más valiera que la tuviéramos presente.
Porque las canciones no son simple forma, melodía, ritmo o tonada. Como tampoco se limitan a ocupar o quedarse en un momento y espacio limitados.
 
4. Cantar
es luchar
 
Las canciones fecundan y trascienden para engrandecer nuestras vidas, tanto individuales como colectivas.
Ellas son ritos, imágenes, modelos y sobre todo cometas y arco iris que se elevan hacia lo alto.
Son eso y mucho más: muy especialmente cuando se bulle y comparte con un grupo humano en la edad de la ilusión.
Que es cuando se vive y actúa con el rostro y el alma abiertos a la inmensidad.
Porque la canción es afirmación de vida, es convicción o confesión de brega.
Es luchar contra el duro peñasco de lo amargo y adverso, pero sobre todo: esperanza. ¡Por eso se canta!
Ya resuenan los clarines
los tambores y el cañón
yo defiendo mi bandera
combatiendo en los campos de honor.
 
5. Un
bálsamo
 
En el canto se desafía a ver quién es más fuerte, si la roca cruel y arisca, el tiempo indiferente, el vendaval que destruye.
O si es más fuerte y contundente la verdad que alberga en nuestros corazones.
Y que surge cuando se canta, la voz afinada y tensa que vibra y defiende entonando temblorosa cantos de amor y esperanza.
Porque aquella visión auroral, diáfana y encantada del mundo que el niño contempla y vive a través de las canciones, acaso:
¿No piensas que será necesaria para fortalecer su espíritu en la vida?
Allí es donde se aprende a comulgar, a conmoverse frente a la naturaleza, y conmueve ante el capullo de una flor.
 
6. La mirada
ilusionada
 
A extasiarse o condolerse ante un arrebol o ante una mariposa, hechos que el mundo moderno ha descartado para quedarse únicamente con cosas o mercancías; o lo cognitivo e impersonal.
Porque el modelo de sociedad que prevalece y también de educación recelan del sentimiento y desestiman la ternura, la inocencia y el candor.
Volver siquiera a recordar las canciones ya es un bálsamo, un grato aroma, una fiesta de belleza, color y del don de vivir.
¡Mucho más indudablemente es entonarlas! Como cuando con la mirada ilusionada cantamos:
Al lado de mi cabaña
tengo una huerta y un madroñal.
Con mi cabaña y la huerta leré
y los madroños leré, te quiero más.
 
7. Cantan
las estrellas
 
Y, además, porque todo canta en el universo. Canta el grillo, la rana y canta la alondra.
Canta el viento de la mañana meciendo las espigas en los sembríos o en las parvas.
Canciones bellas para las aves
para las aves y el fontanal
y que son puras como sus aguas
como sus aguas de azul cristal.
Canta el pez con sus movimientos en el agua. Canta la luna, el sol y cantan las estrellas en el firmamento. Canta la noche en las fuentes y en el cielo estrellado.
Y no se canta porque se sea feliz sino que se es feliz porque se canta y se hace feliz a los demás. Es por eso que decimos que construye el pueblo que canta.
 
*****

 

21 DE JUNIO

DÍA DE LA MÚSICA / ALFONSO DE SILVA

 


EL MÚSICO

MÁS

MÚSICO

 

 


Danilo Sánchez Lihón

 

 

1. Una obra

exquisita

 

El músico más músico que ha tenido el Perú es Alfonso de Silva, acerca de quien todos los entendidos en este campo coinciden en señalarlo así. Es quien más talento musical tuvo. En realidad, transpiraba música, y él mismo revelaba que por sus poros brotaba música como una inundación que lo invadía, lo turbaba hasta el punto de que le era imposible caminar.

Nació en el Callao el 22 de diciembre del año 1902 y se le ocultó quiénes eran sus verdaderos padres. Como él mismo lo cuenta, la primera vez que pudo decir “¡Madre!” “¡Madre!” fue cuando el ser que le revelaba, que era su madre, ya era un cadáver. Y de su padre expresa: “Colaboró con su indiferencia e incomprensión a la formación de mi espíritu, lejano, y a mi tragedia interior”.

Dejó, como músico y como poeta, una obra, aunque trunca, exquisita en diversas formas y estilos, siendo logros destacados de este compositor sus valses y canciones, como sus 12 lieder, empezando por: ¡Ay! cuán vacíos. Canción sin palabras, Anublóse, Yo seré tu tristeza, Pobre amor, La balada de los tres húsares. Hoy la tierra y los cielos me sonríen, Las gaviotas, Berceuse. También la suit sinfónica Instantes y preludios, y La canción amarilla.

 

2. Anhelante

de madre

 

En opinión de importantes cultores y estudiosos de este arte, fue “...el compositor peruano que más genio poseía”, según dice de él Rodolfo Holzman. Y “...fue el músico más músico de todos nuestros músicos”, según el parecer de Carlos Raygada, el crítico con la voz más autorizada en este arte y por muchos años voz rectora en el Perú.

Asombró no solo en el Perú sino en Madrid, París y Alemania, en donde no se explicaban cómo podía conocer tanto quien no había estudiado nada sistemáticamente. Quien añadía al talento innato que poseía para la música, un temperamento arrollador, sentimental y flamígero, que es lo que finalmente lo condujo a la autodestrucción.

Y ello como efecto de una vida azarosa, vivida a corazón desnudo, al descubierto y en vilo, esperando siempre la mano que lo acune, proteja y resuelva los problemas, con el hechizo de la obra por realizar hacia delante. Con una visión de fuegos fatuos en lontananza, que terminaron incendiando y volviendo carbones y cenizas su mente, su alma y su corazón mismo; anhelante de tener madre, aunque sin mencionarla, como ocurría también en el repliegue más íntimo y entrañable del ser de César Vallejo con quien fue amigo y hermano franco y del alma.

 

3. Los dos

genios

 

Su vida fue apasionada y febril, la de un bólido y cometa. Un ser ígneo, extraordinariamente hermoso, imbuido de fuego sagrado. Quien tuvo mil oportunidades para tener una vida cómoda y holgada. Y todo lo alejaba y desatendía por dar el curso a su destino finalmente trágico.

Siempre tuvo a su alrededor el halago de la buena posición, el prestigio y el dinero. Huyó de ello, para vivir la más espantosa miseria. Cuando todo lo tenía conseguido, todo lo dejaba y huía hacia el lugar en donde él sería el desamparado. Dinero que tenía dinero que arrojaba. De Alemania fue seguido a París por una mujer bella y fervorosa, Matilde que era princesa. Y él que no tenía nada que ofrecer era implacable con su orfandad a cuestas.

Por ser así, tenemos la suerte, que constituye un verdadero privilegio y un hecho extraordinario, que los dos genios en las artes más señeras en el Perú se hayan conocido y hayan sido entrañables amigos hasta el grado de la devoción, y ellos son: César Vallejo y Alfonso de Silva.

 

4. El que ama

o tiene una herida

 

He aquí la muestra de ello, en el comentario que hacemos a continuación del poema que César Vallejo le dedica cuando se entera que su amigo Alfonso de Silva ha muerto, no hay poema más conmovedor dedicado a la amistad que este en la historia de la literatura universal.

Pero antes, refiramos que Alfonso de Silva muere en Lima el 7 de mayo de 1937. Y César Vallejo fallece apenas once meses después, en abril de 1938.

Las palabras que revelan el sentimiento de César Vallejo por la muerte del amigo brotan y le invaden cuando se entera de su muerte acaecida en Lima, adonde había regresado desde París.

El poema registra como fecha de composición el 9 de octubre de 1937 y, como se deduce de su lectura, lo escribe sentado en una mesa del café “Boit de nuit” donde su amigo músico solía tocar tangos. Embargado del sentimiento que lo colma ha ido hasta allí, como todo el que ama o tiene una herida en el alma regresa al lugar en donde ocurrieran algunos hechos con el ser querido que evocamos.

 

5. Miramos

y nos miran

 

En donde reconoce que el amigo lo mira, y lo dice cuando el poema se inicia con los siguientes versos:

Alfonso: estás mirándome, lo veo,

desde el plano implacable donde moran

lineales los siempres, lineales los jamases.

Siendo lo primero que encontramos al empezar el poema, la mirada. Y sentimos que esa mirada límpida desde la eternidad; mirada que es sincera y auténtica, en la cual no cabe y no podría caber jamás ni mentira ni doblez alguno.

Es la mirada que traspone mundos. Es mirada íntima, cierta, única. Es mirada que une mundos.

Y es que Alfonso, para César Vallejo en el poema, no ha muerto, está mirándolo desde el plano implacable donde mora el amor fraterno, en este caso de unión más allá de todo.

Es el sentimiento y la emoción que no alcanza a destruir ni siquiera la muerte. Porque existimos en la medida en que nos amamos, en que miramos y nos miran, porque si ello no se produce sencillamente no existimos.

 

6. ¿Cuál es

aquel plano?

 

Pero, además, en la expresión de inicio del poema se definen dos espacios que se man­tienen paralelos a lo largo del poema, el de lo infinito y el de la cotidiano; y que solo los cabe juntar el arte.

Y se modula un tono, el de la confiden­cia, del secreto y lo entrañable; en donde prima el amor que supera toda contingencia, incluyendo la muerte.

Porque este vínculo de la mirada se establece finalmente entre un muerto y un vivo, traspasando esa barrera que separa de manera irreconciliable estos dos mundos.

Allí está tendido el puente a lo ilimitado, pero también extraordinariamente, a lo concreto, intransferible e íntimo.

Porque, ¿qué es o dónde queda aquel plano implacable donde moran lineales los siempres y los jamases?

 

7. Ante

el amor humano

 

Sin duda, el infinito. Es el ám­bito de lo inacabable y de lo eterno.

Desde ahí Alfonso está mirando al amigo, pleno de identificación y de cariño; de solidaridad y de franco afecto. Ahí se realiza el acto pleno de amor fraternal.

Y, ¡cómo sobrecoge esa facultad taumatúrgica de Cé­sar Vallejo para hacer de los adverbios “siempre* y “jamás”, cosas, trastos, abalorios!

¡Por supuesto, y claro, seres piafantes, inatajables y ariscos como si fueran locos pasmados!

Haciendo de ellos cuerpos que velan, que se rinden, que se han hecho estáticos; el “siempre” y el “jamás” tan temibles, ante la gravedad del acontecimiento que los pasman, aquí se han convertido en mascotas comunes y corrientes.

¡Siempres y jamases se han hecho cosas, sustantivos concretos, artefactos tropezables, juguetes puestos delante de nuestros pies, fieles, lineales a nuestro arbitrio y servi­cio!

Ante el amor humano siempres y jamases resultan ser ahora cuentas de vidrios y hasta cacharros. Y con ello tenemos papable la gloria y maravilla que hace y tiene el arte, cual es de atraer lo excelso y ponerlo a nuestros pies

 

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