jueves, 31 de enero de 2019

31 DE ENERO: DÍA DE LOS MAGOS - FOLIOS DE LA UTOPÍA: EGUREN, AQUEL SER ALADO - POR DANILO SÁNCHEZ LIHÓN

 

 
CAPULÍ, VALLEJO Y SU TIERRA
Construcción y forja de la utopía andina
 
2019 AÑO
DEL TRIUNFO DEL BIEN
 
ENERO, MES DE LA DEFENSA DE LIMA
DEL NACIMIENTO DE ARGUEDAS, HERAUD
Y LOS PARADIGMAS DE MACHUPICCHU
 
CAPULÍ ES
PODER CHUCO


 
SANTIAGO DE CHUCO
CAPITAL DE LA POESÍA
Y LA CONCIENCIA SOCIAL


 
*****
 
CONVOCATORIA


XX ENCUENTRO
INTERNACIONAL ITINERANTE
CAPULÍ, VALLEJO Y SU TIERRA
ITINERARIO
TELÚRICA DE MAYO, 2019
ABARCA DEL 10 AL 19 DE MAYO
LIMA:
VIERNES 10
HUARAZ:
(Se pernocta)
SÁBADO 11
CARHUAZ
YUNGAY
CARAZ
(Se pernocta)
DOMINGO 12
LA PAMPA
CORONGO
(Se pernocta)
LUNES 13
CABANA
PALLASCA
(Se pernocta)
MARTES 14
MOLLEPATA
ANGASMARCA
CACHICADÁN
MIÉRCOLES 15
(Se pernocta)
SANTIAGO DE CHUCO
(Se pernocta dos noches)
JUEVES 16
VIERNES 17
TRUJILLO
(Se pernocta)
SÁBADO 18
GUADALUPE
DOMINGO 19
EN EL CENTENARIO
DE LOS HERALDOS NEGROS


 
*****
 
CORAZÓN QUE ESPERA


– ¿Han tocado la puerta?
– No. Yo no he escuchado nada.
– Yo tampoco he escuchado nada. Pero, ¿tú sí?
– Yo sí he escuchado clarito. Ustedes, ¿no? A ver, mira por la ventana.
– Recién está llegando un auto. Se está queriendo detener aquí frente a la casa.
– ¡Mi papá!
– ¡Ya llegó mi papá! ¡Seguro es él!
– Pero recién el carro está buscando dónde cuadrar.
– Entonces papá no ha podido ser quien tocó la puerta.
– ¿Pero tú has escuchado, mamá?
– ¡Claro, por eso te he dicho!
– Pero, ¡qué raro!
– Es el corazón hija.
– Es el corazón que se adelanta siempre. Pero, ¡Vayan a recibir a su papá!   
DANILO SÁNCHEZ LIHÓN


 
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31 DE ENERO
 
DÍA
DE LOS
MAGOS



FOLIOS
DE LA
UTOPÍA

  Eguren saliendo de su casa - Lienzo: Rodrigo Núñez Carvallo
 
EGUREN,
AQUEL
SER ALADO



Danilo Sánchez Lihón
 
 
1. Muros
añejos
 
José María Eguren nació en la Lima antigua, en el cercado, el 7 de julio del año 1874, siendo de signo zodiacal cáncer, a quienes atrae el misterio y la imaginación resultando ser los más sensibles y especiales del horóscopo.
Sus padres fueron don José María Eguren y doña Eulalia Rodríguez, siendo bautizado en la iglesia de San Sebastián donde también recibieran el agua sacramental Santa Rosa de Lima, San Martín de Porres y el héroe de la batalla de Arica Francisco Bolognesi, de modo que su vida tenía unción y aureola.
De niño vivió mucho tiempo en el medio rural o campestre en la Hacienda Chuquitanta de su familia, de la cual dejó dibujados unos bodegones que retratan sus muros añejos y sus aires feéricos, de los cuales se nutre también su poesía.
LOS REYES ROJOS
Desde la aurora
combaten los reyes rojos,
con lanza de oro.
Por verde bosque
y en los purpurinos cerros
vibra su ceño.
Falcones reyes
batallan en lejanías
de oro azulinas.
Por la luz cadmio,
airadas se ven pequeñas
sus formas negras.
Viene la noche
y firmes combaten foscos
los reyes rojos.
 
2. Y sin ver
el dolor
 
Al fallecimiento de sus padres en 1896 se traslada con sus hermanas Susana y Angélica al balneario de Barranco, en aquel tiempo separado todavía y distante de Lima, y no como ahora que forman parte de la misma ciudad.
En aquel entonces él hacía el camino a pie, cuidando de no pisar ni siquiera una oruga, menos un gorgojo y el colmo hubiera sido atropellar con sus pasos a una araña que tejiera fascinada su red de hilos de plata.
Aunque, al dar sus pasos y caminar más avanzaba mirando al cielo, y tanto que cualquiera hubiera creído que le fascinaba ver el vuelo de las gaviotas pero que no había, y la interpretación de sus signos y arabescos, pero no era eso, sino que reconocía más bien en la bóveda sideral mil fantasmagorías, unas bellas y otras preocupantes:
LA TARDA
Despunta por la rambla amarillenta,
donde el puma se acobarda;
viene de lágrimas exenta
la Tarda.
Ella, del esqueleto madre
al puente baja, inescuchada;
y antes que el rondín ladre
a la alborada,
lanza ronca carcajada.
Y con sus epitalamios rojos,
con sus vacíos ojos
y su extraña belleza,
pasa sin ver, por la senda bravía,
sin ver que hoy me muero de tristeza
y de monotonía.
Va a la ciudad, que duerme parda,
por la muerta avenida,
y sin ver el dolor, distraída,
la Tarda.
 
3. Bajeles
muertos
 
Vivió siempre con sus dos hermanas, que nunca contrajeron matrimonio y que conservaron el carácter dulce y delicado de su madre, atributos que dedicaron completamente al cuidado del querido poeta.
Él, al igual que ellas, nunca se casó ni se conoce que tuviera con alguien algún amorío. Él y sus hermanas eran ramas de un mismo árbol raro en este mundo, recóndito, sutil e inusitado; subyugados por el misterio de sus propios endriagos no solo él sino también ellas.
Justo avizorables esos esperpentos desde aquel promontorio de la villa de Barranco levantado frente al mar, desde donde podían ver sus espectros y quimeras en lontananza y, a veces, reconociéndolos en las cosas y en los hechos más simples; una aldea de familias soñadoras con un sol amarillento quebrado hacia lo lejos pero también en la copa de los ficus añosos que sombrean calles y avenidas de aquel lugar silencioso donde deambulan trasgos, duendes y marineros muertos que aquí pasean sonámbulos:
LIED III
En la costa brava
suena la campana,
llamando a los antiguos
bajeles sumergidos.
 
Y con tamiz celeste
y al luminar de hielo,
pasan tristemente
los bajeles muertos.
 
4. Algún
infinito
 
Carcomidos, flavos
se acercan vagando...
y por las luces dejan
obscurosas estelas.
Con su lenguaje incierto,
parece que sollozan,
a la voz de invierno,
preterida historia.
En la costa brava
suena la campana
y se vuelven las naves
al panteón de los mares.
Porque cualquiera que mira al océano desde arriba en Barranco, reconoce ese hondo camino al alma del mar. Y donde también hay una quebrada de ensueño atravesada por un puente de vieja madera y de sombra trémula, y que es el famoso Puente de los Suspiros, en donde las parejas de enamorados se hacen el juramento de amor para siempre, y sentidas promesas.
Ellas se van con la calma, el sosiego y alivio en sus corazones, pero dejan una huella que cimbra, retuerce y desgaja al puente que cada año tienen que ser reparado por el peso de esos juramentos y el posible dolor que ellos le causan en sus adentros.
Deambulan por sus calles muchachas cristalinas, ancianos extasiados, aunque temblorosos, como gatos trashumantes que se aduermen en la greca de algún tejado desde donde miran pasar con ironía la vida cotidiana; y, en los tiempos de Eguren, ¡hadas en las puertas y duendes en los albañales! Como monjas y beatas en los interminables pasadizos de callejas, iglesias y conventos.
Y algún caballero con un clavel en el ojal de largo traje, que por las noches embruja a las estatuas al punto que no sabemos cuáles son las parejas vivas y las parejas muertas que se besan recostadas a los muros de piedra de la orilla; o que lagrimean cogidos a los balaustres de los altozanos y alminares, perdiéndose al amanecer en algún tañido de campana o en la nota infinita de alguna voz que canta o de algún acorde de los muchos que lo pueblan.
 
5. Secreto
y furtivo
 
Eguren no viajó a ningún lar nunca. No salió de Lima, ni siquiera a alguna provincia del departamento. No le hacía falta, porque su alma vagaba por regiones siderales de ensueño, de utopía y extravío.
No se trasladó a ningún sitio ni por turismo, ni por motivos académicos ni por expansión. No le urgió salir a ningún lugar, salvo un viaje administrativo que hizo por barco a Guayaquil. Y fue porque en verdad cada tarde él regresaba de viajes astrales hacia y desde reinos de una geografía inconcebible, tanto que los otros le hubieran parecido nonada. Por eso, su vida de aquí fue austera y recogida.
El amor para él fue apenas una añoranza de un huerto y una fontana tejida de madreselvas y nostalgia. Que no podía jamás ser presente, ni real ni tangible. Ni siquiera creíble. Es apenas una reminiscencia de algo secreto y furtivo:
LA NIÑA DE LA LÁMPARA AZUL
En el pasadizo nebuloso
cual mágico sueño de Estambul,
su perfil presenta destelloso
la niña de la lámpara azul.
Ágil y risueña se insinúa,
y su llama seductora brilla,
tiembla en su cabello la garúa
de la playa de la maravilla.
Con voz infantil y melodiosa
con fresco aroma de abedul,
habla de una vida milagrosa
la niña de la lámpara azul.
 
6. Torres
ardiendo
 
Con cálidos ojos de dulzura
y besos de amor matutino,
me ofrece la bella criatura
un mágico y celeste camino.
De encantación en un derroche,
hiende leda, vaporoso tul;
y me guía a través de la noche
La niña de la lámpara azul.
No se conoce que tuviera una enamorada nunca, ni una novia jamás, ni que estuviera comprometido con alguien, aunque era agraciado y concitaba la atención de las niñas y las mujeres más lindas.
Tampoco se conoce que tuviera algún otro tipo de atracción, en esto o aquello. Relativo a este punto hay unanimidad total entre sus biógrafos, reconociéndole la cualidad de una vida pura y sacerdotal consagrada únicamente a la poesía evanescente.
Fue un ser tocado por el encantamiento y el sortilegio. Fue un ser hechizado, pero calmo. Estaba tejido de magia y de misterio sin aspavientos, tanto que ni él se daba cuenta de su embrujo, porque era reservado.
Sobre la base de un tintero viejo de madera fabricó una maquinita de tomar fotografías. Y andaba con el juguete tomando fotos a sus hermanas; a “chucho”, su perro; a los botes viejos; a las mareas del mar. Y, si no fotografiaba, se paseaba haciendo dibujos y pinturas de niñas vaporosas, de torres ardiendo o del viento tempestuoso.
Pero no crean que todo en la vida lo tenía resuelto y se dedicaba a esto por una complacencia de su espíritu. En el fondo era un ser atormentado, tocado por el designio de los dioses, aunque humilde.
 
7. Honesto
y pobre
 
Nada mundano, ni mucho menos criollo, le era afín. Aunque los criollos, los ricos y apoltronados han tratado de apoderarse de él. Y hasta de darle filiación social como rico y burgués, a quien fue desalojado de su casa donde vivía porque no pudo pagar el alquiler, y fueron puestos sus trastes en la calle. Y hasta le han dado partido político. No.
No. Él siempre fue honesto y pobre de bienes materiales. Si al lado de alguien tendría que ubicársele es al lado de los pobres del mundo, aunque ricos en alma, sueños y esperanzas.
Por eso es de suponer el sufrimiento que a él le causara estar rodeado de una Lima mundana, sensorial y hasta procaz.
Es Eguren poeta de leyenda, niño alado, leve y en éxtasis. Con una flor y una herida sangrante y a carne viva en el alma. Y con la mirada lejana. Que camina silencioso como si desapareciera él o el universo en los acantilados azotados por los huracanes; en el aire de la tarde. Por eso él es el gran mago de nuestra poesía; es el arlequín mayor; el saltimbanqui y gran prestidigitador.
Es un príncipe de los bosques, de los castillos embrujados, ido de este mundo, inhallable en el día cotidiano sino más bien habitando en el horizonte infinito de lo que es lejano e inhallable.
Si tenemos que engarzarle un tótem a su efigie, éste sería la gacela que recorre los bosques umbrosos e inhollados.
Él hizo su cabaña y alzó su casa en la morada misma, y en lo más alto de la poesía; y en el centro mismo de la estética; de lo bello y de lo que es maravilla.
 
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