viernes, 21 de junio de 2013

SALUDO MAÑANERO - POR VÍCTOR CASTRO ACHUY (LAREDO, TRUJILLO)

 
SALUDO  MAÑANERO

Llegué. Hoy jueves 20/06/13, entre 5 y 6 a.m. Hora que Lima,
frente al Océano Pacífico, es una hermosa y apacible novia. 
Después de esa hora amorosa, algo ocurre.
Sus avenidas, edificios, mercados, playas, libros, escuelas,
albañiles, vendedores, cantantes de coliseo, obreros,
cocineros, poetas invisibles, aviones y barcos también 
invisibles, viejas combis, muy visibles, etc. 
Toda la ciudad, después de esa hora, parece desayunar 
un clima de "La Guerra de los Mundos", de H. G. Wells.

                  Llegué. ¡Ya estoy en Lima! _ Y a quién diablos
le importa eso _ Dirá, Ud., mientras lee "La Primera", 
santísimo, San Juan Fernando I.

                  Del bus cama salté a un taxi. Un "Tico"
que maneja Carlos Valencia y no pudo subir a mi Huaca,
dejando mis bultos y animalitos sobre la tangente 
húmeda de la circular Plaza La Bandera, con peligro
de pirañitas, los compradores a la fuerza.

                   Por suerte, desde ese mismo punto, llamé
a un reciclador que solitario miraba fijamente a la Bandera.
Luego, dando empellones al triciclo motorizado subí 
mi cargamento norteño entre el frío y la nublada mañana, 
que también pedía leche vacuna con maca y café.

                   Silvando, dentro de mi mansión, desempolvé
un disco mp4 y la música de "El Padrino" empezó, mientras
un baño caliente me reconfortaba. Afuera, seguían 
las sombras y la neblina del día. Pero, yo veía la luz, el
esplendor de la noche de los Viernes Literarios, de mañana.

                   Cuando terminó mi baño con "Europa" de Santana,
empezó a sonar "La Noche de mi Amor", de Raúl Di Blasio.
Entonces, como si fueran para mí, cuidadosamente llené 
la refrigeradora con king kones. Todos eran para la fiesta
de homenaje al famosísimo poeta, Mario Anicama.

                   Según e-mail recibido la semana pasada, el riguroso
San Juan Fernando I, al llamar a sus dominios a Mario, 
ya lo confesó, ya lo purificó con baños de geranios, 
ya lo absolvió de todos sus pecados dérmicos, allí 
en su Confesionario de Comas. "Ahora, el poeta Anicama
_ escribió, San Juan _ quedó como angelito blanco y ríe
volando por la ciudad como una "Noche de Ronda",
cero kilómetros".

                   "Pero, no es fácil reír, como quien come chonholí
tanto en Barranco como en Las Malvinas de Lima", señaló
el poeta Santos Ordóñes, noble arado de las profundidades
del río Mantaro. Y prosiguió. "No es fácil reír cuando uno
con quinta edad, publica un libro costoso, para luego regalarlo.
No es fácil reír, cuando uno acumula veinte años de dolor
y alegría, de trabajo gratis y seguir fresquito como clavel chino,
en 28 de Julio.
Como sigue San Juan Fernando I, alado santo de Ticlio, armado
de esa voluntad literaria del Progressus Populorum".

                    Pero, amigos lectores, volvamos al programa de los
Viernes Literarios en Casa Museo Mariátegui, mañana viernes 21.
En medio de una docena de bravos tigres oradores, quienes abrirán 
la noche de homenaje, ahí, veo una gatita blanca. La veo y me alegro.
Pero, a la vez, me sobresalto. La miro ahí, solita.
Como apetecible sirena en un mar poblado de pescadores,
 a lo Moby Dick.

                    ¿Por qué este jugo de naranja, tan tierno, tan antioxidante,
llamado Evita Velásquez Lecca _ según programa _ , por qué
ahí, tan solita, tan solita?
Como una estrella cantando en una isla habitada por Polifemos.
¿Dónde andará el inmortal Ulises?

                     Mañana 7 p.m., la misa poética. Luego, acto seguido,
el fraternal homenaje. Flores y perlas serán lanzadas con fina puntería
a la cabeza maravillosa de Anicama. Flores y perlas que al tocarlo
se convertirán _ por obra y gracia de San Juan Fernando I _ en vasos
de cebada, en botellas de uvas iqueñas, y en potos de chicha norteña.

                     Mañana, allí estaré. Brindaré con sumo placer con todos
los poetas, los escritores, los artistas, las musas. Con todos los presentes 
y ausentes de los Viernes Literarios.
Porque sólo un poeta de la noche, sabe bien, dónde, la miel del día,
y dónde, el paraíso faldero e infinito de la noche.

                     Un desayuno me llama. Afuera, la ciudad despierta.
Y ya suena en mi Huaca "El Descanso del Guerrero", de Paúl Mauriat.


Víctor Castro Achuy
Laredo. Trujillo. Perú.

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