lunes, 4 de diciembre de 2017

DON LUIS JOSÉ RUIZ Y RUIZ: EL MÉDICO DE MI ALDEA - POR DANILO SÁNCHEZ LIHÓN


 
 
Construcción y forja de la utopía andina
 
2017 AÑO
DE LA IDENTIDAD Y DEL PATRIMONIO
INALIENABLE DE NUESTROS PUEBLOS
 
DICIEMBRE, MES DE LAS MONTAÑAS,
DE LOS DERECHOS DE LOS ANIMALES;
DE LOS MIGRANTES, Y DEL NACIMIENTO
DEL DIOS NIÑO EN LA NAVIDAD
 
CAPULÍ ES
PODER CHUCO


 
SANTIAGO DE CHUCO
CAPITAL DE LA POESÍA
Y LA CONCIENCIA SOCIAL


 
*****

DON LUIS JOSÉ RUIZ Y RUIZ

Don Luis José Ruiz y Ruiz - Imagen: Ángel Gavidia

FOLIOS
DE LA
UTOPÍA

Don Luis José Ruiz y Ruiz - Foto: Ángel Gavidia

EL MÉDICO
DE
MI ALDEA


Danilo Sánchez Lihón
 
1.
 
Cuando yo era niño y vivía en mi pueblo, que es Santiago de Chuco, provincia del departamento de La Libertad, al norte del Perú, en la serranía, los asuntos de salud los atendía don Luis Médico, que así llamábamos a un señor muy querido, ya mayor, y quien era poseedor de una larga experiencia en el campo de la medicina adquiridos al haber trabajado en un centro médico de Santiago de Cao que tuvo la virtud de descubrirle su verdadera vocación de persona desvelada por curar y sanar de las enfermedades que padecía la gente.
No era profesional ni científico sino un hombre práctico y enormemente ecuánime, verdaderamente sabio en su campo. ¿Cuántas veces mis padres recurrirían a él para que me cure? ¡Muchas! Él, estoy seguro ha velado muchas veces sobre mi cuerpo afiebrado y tembloroso.
Su oficio pasó a formar parte de su apellido: don Luis Médico. Y la gente lo trataba así con sumo respeto y por reconocimiento. De ninguna manera de forma despectiva, puesto que no era un tinterillo de la medicina. Al contrario. La población confiaba plenamente en su discernimiento.
 
2.
 
De quien yo escuché decir esta frase: “Después de Dios, para aliviar la vida, don Luis Médico”. A quien siempre se encontraba, quien nunca se hizo negar, ni se ausentó dejando vacíos que nadie pudiera llenar. Él siempre estaba. Y no ponía ninguna condición ni prerrequisito para atender a un paciente: ni boleta, ni carnet, ni pago, ni análisis, ni nada. Quien entraba de frente a la dolencia y al mal que había que atacar para curar y sanar, siendo además quien consuela a la gente, que le da aliento y le da esperanzas.
Todo el pueblo acudía a él y la gente lo estimaba. Y es que él remediaba todos los males. Era hombre grueso, de mediana estatura y de rostro apacible. Era caritativo y bueno de carácter. Era la bondad personificada. En quien se cumplía el dicho de hacer el bien sin mirar a quien. Daba aliento al enfermo, él mismo le daba sus remedios. Pedía una cuchara, servía y les daba en la boca, que para el paciente estos hechos son los que verdaderamente curan. Ver y sentir la bondad humana.
Atendía partos, extraía muelas y realizaba operaciones menores con un instrumental que él mismo adquirió importándolo directamente de Alemania. Tenía conocimientos de sanidad, de asepsia, curaba heridas y era curioso en todo. Él mismo preparaba sus medicamentos, sus ungüentos y pócimas en frasquitos que rotulaba y sellaba, cultivando también la medicina natural.
 
3.
 
Casi siempre venía la gente del campo trayendo varias acémilas para trasladar al doctor. en la montura del mejor caballo el poncho de jebe y el sombrero de fieltro para la lluvia y partían entre relámpagos y truenos, marchando por caminos farragosos, cruzando puentes temblequeantes, con frecuencia los acompañantes llorando y rogando encontrar con vida a la madre o al padre enfermos.
El doctor en su maletín cargaba todos sus implementos y remedios: sus jeringas para las inyecciones, sus frascos de penicilinas, sus emplastos y cataplasmas, y diversidad de frascos conteniendo sus pócimas.
Casi siempre eran cólicos graves los que tenía que atender, después de las fiestas patronales de los pueblos. Llevaba entonces purgantes que él mismo preparaba para curar una disentería. Y a veces operar cirugías menores, atravesando para ello jalcas y climas frígidos, o bien bajíos y temples, llanuras y barrancos, durmiendo en casas o chozas afincadas en potreros y pajonales.
Donde desde los cerros se avisaban que ya llegaba el doctor, y la noticia corría de cumbre a cumbre, y con ella la alegría entre los miembros de la familia, principalmente de niños y jóvenes, que con la presencia del doctor estaban seguros que se salvaban sus seres queridos que yacían postrados.
 
4.
 
También era enérgico. Cierta vez una joven de familia patriarcal había concebido un hijo y el padre la confinó prácticamente a morir. A última hora llamaron a don Luis Médico que dictaminó que tenía que operarla de inmediato, pero el padre no quería que nadie se enterase:
– Señor, –le dijo– el niño se está muriendo en el vientre de esta señorita. Muere el niño y muere la madre. Apenas tengo cinco minutos para llevarla a mi consultorio. Estoy arriesgando todo, inclusive que muera en mis manos. Menos riesgo sería para mí decirles que ya no hay nada qué hacer, que todo está perdido. Dejen sus prejuicios y rencores.
Allí fue que se interpuso la madre y dijo:
– Llevémoslo de inmediato doctor. Yo asumo toda la responsabilidad. Es mi hija. Y si tengo que irme de esta casa con ella me voy. Yo misma le ayudo, doctor.
– Sí, doctor, proceda nomás. –Dijo finalmente el padre hasta entonces endurecido en su corazón.
Y salvaron al niño y salvaron a la madre que con los meses y años llegaron a ser la alegría de los padres y abuelos. El niño llegó a ser después un gran médico no sabemos si es porque le contaron esta historia o porque así es la vida.
 
5.
 
Don Luis Médico tenía su botica en una esquina del Chorro de Pichi Paccha, que es el lugar en donde se fundó Santiago de Chuco, entre el jirón Grau y Bolívar, que a la vez era su consultorio, llena de frascos y de remedios.
Su botica se llamaba San Cristóbal, de puerta verde, con una grada de subida y el piso en alto de madera machihembrada. Él mismo preparaba sus medicamentos midiendo en probetas y pesando en balanzas mínimas las sustancias y productos que recetaba y curaba males de distinta índole y especie.
Basaba su práctica en el conocimiento consuetudinario de la medicina. Era un autodidacta que estaba suscrito a varias revistas, boletines y publicaciones médicas que leía con extrema dedicación.
En su maletín cargaba jeringas, emplastos, desinfectantes, sulfas, todo un equipo para curar heridas, y cuando emprendía un viaje largo a lomo de mula llevaba su instrumental para hacer operaciones menores.
 
6.
 
Cierta vez lo habían llevado de urgencia a Sangual que queda en la jalca en donde salvó a una persona atacada de cólico miserere, que es mortal. De regreso con su ayudante le silbaron las balas por las orejas de su asistente, con quien siempre viajaba.
– ¡Deténganse y entreguen todo lo que tienen! –Gritó alguien.
Salió a todo galope el jefe de la banda y reconoció a don Luis Médico.
– Disculpe, doctor. Estos cholos no saben quién es usted, o no sé que les pasa. Mil disculpas doctor, y siga su camino. No tengo nada qué ofrecerle, pero aquí en mi montura tengo amarrado este Gallito Chuco. Acéptelo como un presente doctor y nuevamente mil disculpas.
Y le obsequió el jefe de esa banda de forajidos un Gallito Chuco, que así se llaman a unos gallos de pequeño tamaño, pero de extraordinario valor.
– ¡Saquen sus sombreros y saluden al doctor! –Alcanzó a decirles a sus cuatreros el bandido mayor.
 
7.
 
– ¡Cuánto le debemos, doctor! –Le decían, después que realizaba una curación.
– ¡Nada! ¿Por qué voy a cobrarle? Con eso alimenten bien al enfermo.
Don Luis Médico no cobraba por sus servicios. Si alguien le daba buenamente algo lo recibía, pero cuando sabía que eso no afectaba la economía de esa familia. Cuando se veía que se esforzaban por darle algo sacrificando algo esencial en esa casa se negaba rotundamente a recibir pago alguno. Cuando aún así insistían él decía una frase que para los chucos es un exorcismo:
– ¡Cómo me vas a pagar si somos familia!
Y ya entre sus seres queridos decía: “Hay que dolerse del prójimo”, que es una frase muy santiaguina.
Don Luis Médico, cuyo nombre completo es Luis José Ruiz y Ruiz, nació en Santiago de Chuco, y murió en esta misma comarca en marzo del año 1965 y está enterrado en el cementerio de esta localidad.
Él es abuelo de un representante conspicuo del movimiento cultural Capulí, Vallejo y su Tierra, el profesor Manuel Ángel Ruiz Paredes, quien recuerda que ningún nieto dejó de decirle “Papá Luis” por la devoción que le tenían. Y recuerda lo cariñoso y afectivo que era siempre con sus nietos, a quienes encontrara donde los encontrara siempre les mostraba extraordinario afecto y le daba una peseta a cada uno para sus caramelos.
 
 
*****
 
CONVOCATORIA


XIX ENCUENTRO
INTERNACIONAL ITINERANTE
CAPULÍ, VALLEJO Y SU TIERRA
TELÚRICA DE MAYO, 2018
LIMA:
VIERNES 25
TRUJILLO:
SÁBADO 26
GUADALUPE
DOMINGO 27
CHEPÉN
DOMINGO 27
CAJAMARCA
LUNES 28
CAJABAMBA
MARTES 29
HUAMACHUCO
MIÉRCOLES 30
QUIRUVILCA
JUEVES 31
SANTIAGO DE CHUCO
JUEVES 31
VIERNES 1 (JUNIO)
CALIPUY
SÁBADO 2
SANTIAGO DE CHUCO
SÁBADO 2 (JUNIO)
DOMINGO 3 (JUNIO)
EL XIX CAPULÍ, VALLEJO Y SU TIERRA
ABARCA DEL 25 DE MAYO AL 3 DE JUNIO
DEL AÑO 2018
 
*****
 
Los textos anteriores pueden ser
reproducidos, publicados y difundidos
citando autor y fuente
 
dsanchezlihon@aol.com
danilosanchezlihon@gmail.com
 
Obras de Danilo Sánchez Lihón las puede solicitar a:
Editorial San Marcos: ventas@editorialsanmarcos.com
Editorial Papel de Viento: papeldevientoeditores@hotmail.com
Editorial Bruño, Perú: ventas@brunoeditorial.com.pe
Ediciones Capulí: capulivallejoysutierra@gmail.com
Ediciones Altazor: edicionesaltazo@yahoo.es
 
  *****
DIRECCIÓN EN FACEBOOK
HACER CLIC AQUÍ:
 
 
*****
 
Teléfonos Capulí:
393-5196 / 99773-9575
 
capulivallejoysutierra@gmail.com
 
Si no desea seguir recibiendo estos envíos
le rogamos, por favor, hacérnoslo saber.




WET - COMO QUIEN PIERDE UNA ESTRELLA

WET - DÓNDE ESTARÁ MI PRIMAVERA

NO PUEDO ARRANCARTE DE MÍ

WET - BUENOS DÍAS TRISTEZA

WET - LUNA DE MIEL

WET - DONDE ESTÉS

ESPÉRAME - LOS DOLTONS

Chiquián - Oswaldo Pardo Loarte

NIEVES ALVARADO

La casa vieja - Nieves Alvarado

Hualín Aldave Palacios

WAYAYAY

Chiquián - Marco Calderón Ríos

Chiquián