sábado, 16 de octubre de 2021

16 DE OCTUBRE: DÍA DEL PAN - FOLIOS DE LA UTOPÍA: AQUEL SABOR A EUCALIPTO QUE TIENE EL PAN - POR DANILO SÁNCHEZ LIHÓN

 

 
 

 

Construcción y forja de la utopía andina
 
 
OCTUBRE, MES DE LA SALUD,
LA ALIMENTACIÓN, LA GESTA
DE ANGAMOS; VIDA Y EJEMPLO
DE MARIO FLORÍAN Y LUIS
DE LA PUENTE UCEDA
 
CAPULÍ ES
PODER CHUCO


 
SANTIAGO DE CHUCO
CAPITAL DE LA POESÍA
Y LA CONCIENCIA SOCIAL




*****
 
16 DE OCTUBRE


 
DÍA
DEL
PAN


 
 
FOLIOS
DE LA
UTOPÍA


 
AQUEL SABOR
A EUCALIPTO QUE
TIENE EL PAN



Danilo Sánchez Lihón
 
…y el valor
de aquel pan inacabable.
César Vallejo
 
 
1. El sabor
de las plantas
 
¡Ah! ¡Senderos y cuestas por donde no habré avanzado con los brazos llenos de hatos de shiraques y yerbas santas!
Eran para atarlos a esas varas larguiruchas, reconocidas en la casa como: “escobas de barrer el horno”.
Aunque recién lo eran cuando ajustábamos en ellas las hojas de esas plantas capaces de resistir los carbones encendidos al rojo vivo sin quemarse.
Y arrastrar los brasas y los trozos ardientes de leña, sacándolos de las junturas que hacen los ladrillos de los cuales está embaldosado el piso de aquel crisol que literalmente estalla.
Y refleja su ardor hasta el corredor de la casa que luce su atuendo de novia a la espera de decir su promesa, por el hecho de que hoy día se amasa.
En razón de este hecho es mi función ubicar, desprender y cargar con los shiraques y yerbas santas, por lo que me guardarán para mí el primer pan.
El que sale embadurnado aún de ceniza y que tiene el sabor duro de las plantas con que el horno ha sido barrido.
 
2. Derramada
la miel
 
Esta primera tanda de pan se separa, sin juntarla, de las otras, porque tiene aún todas las presencias naturales del horno, como la ceniza y los carbones muertos incrustados debajo de los dorsos de la masa que no lleva manteca para que sea duro, limallas que después desaparecen en las siguientes horneadas.
Luego de la primera saca pronto se introduce el pan blanco, se ennegrecen los bizcochos, se cuecen los panes de yema, se doran las rosquitas, los pasteles y semitas; como al final se dejan bajo su bóveda los chiclayos endulzados, una fuente de camotes y otras veces un lechón bien aderezado que pasan allí la noche.
Para ello se cuida que las puertas del recinto queden bien cerradas, sujetas y ajustadas por afuera con las mismas palas de hornear, bien templadas con el punto de apoyo que puede der una mesa o el ángulo de una pared, a buen recaudo de los gatos que merodean con la boca hecha agua.
Al día siguiente encontramos derramada la miel de las calabazas reventadas o la grasa de los lechones en las baldosas, hecha un charco exultante en el piso de ladrillos del horno, que así se cobra con algo de miel el haber contribuido con su ardor y dedicación consuma a que luzca lo cocinado como cabalmente debería lucir.
 
3. Volver
por el camino
 
Pero, ¿cómo ha empezado la faena de amasar y hornear hoy día? Ha sido en el desayuno, cuando mamá ha dicho, sentada cerca al fogón, con su rostro feliz, bello y sonrosado como lo tiene ella y es mi orgullo y adoración:
– ¡Este sábado que es feriado y no van a la escuela sería bueno que amasemos el pan!
Y es su voz que va repasando punto por punto si hay leña, si hay huevos, si están sanas las muchachas que ayudarán en el tableado. Y todo lo calcula y lo prevé minuciosamente, mientras la miramos.
– ¡Ya! ¡Yo hago los bizcochos! –Se alegra mi tía Carmen cuando la decimos–. Entonces hay que llevar a moler el trigo al molino. –Agrega mi tía alzando sus ojos lentos desde la taza de toronjil.
– ¡Ahí tenemos trigo bueno, trigo para hacer pan de yema!
– Que vaya el Fredito y la Amelia a molerlo, aquí no más en el molino de “La Colpa”. –Se entusiasma mi tía Carmen que es mamá de Amelia, mientras el sol del mediodía aún brilla en el patio.
– Ahorita he visto que ha pasado el primo Pablo Segura con su burro de vuelta a su casa. Hay que avisarlo para que nos preste y llevar la carga.
 
4. Carbones
al rojo vivo
 
– ¡A ver, voy a verlo!
– Si no es de él de repente nos presta la comadre Laurita.
– ¡Cualquiera que encontremos! También he visto pollinos en la tienda del señor Urquizo.
– Si es de alguien que está subiendo camino a Pueblo Nuevo podemos rogarle que nos lleve el costal.
– Claro. Pero qué bueno sería también hacer roscas blanqueadas. Allí he juntado huevos.
– Hasta chiclayos tenemos. ¡Echaremos siquiera unos dos al horno!
Y a cada hora surgen más y más buenos propósitos que ya empezaron a alborotar la casa.
Estamos a jueves. Mientras llega el día la tarea es preparar uno y otro elemento necesario para el amasijo: lavar bateas, ordenar latas, tener listos los manteles.
 
5. Arroyos
y puquiales
 
Llegado el día a mí me corresponde cumplir varios trabajos. El primero, asegurar que estén listas las escobas de shiraque y yerba santa para barrer el horno.
Pero, además, tengo que ir por el concho de chicha, que es el rezago que queda al fondo de la botija, y que son residuos de la chancaca, de las cáscaras y raíces fermentadas de la jora, que nos sirve de levadura para hacer lludar la masa de harina, mezclada con agua, sal y manteca.
– Buenos días señora Betzabé. Véndame concho de chicha, para hacer pan en mi casa.
– ¡Buenos días niño! Tú mismo saca, hijito, con ese cucharon. Pero no metas la cabeza a la botija sino con el olor te vas a emborrachar. Y no vas a poder llegar a tu casa en tu sano juicio. Y ni siquiera agarrándote de las paredes caminar.
Tengo que ayudar también a arropar la masa que empezará a lludar en las bateas, levantando los manteles de vez en cuando para aspirar el aroma de la harina en donde está viva la presencia de los campos fragantes con sus arroyos y puquiales, como también del sol y la luna enamorados.
 
6. El tulipán azul
de las cercas
 
En su aroma están los trigales que se mecen hermosos y suaves en las colinas al compás del viento.
Están las parvas en donde la espiga de trigo se desbarra y ventea para que el grano se separe.
Está el tulipán azul de las cercas. Están los caminos llenos de tantales que se cubren de rojos suganes. Y se perlan del amarillo de las plantas de mostazas.
Y de pencas desde donde surgen los magueyes con su flor escarlata alucinada. Y el amanecer de esmeralda que aparece en el horizonte. Y que solo puede salir porque se prende a sus ramas.
En esta masa que lluda está ya mezclada la manteca del chancho esponjosa. Y que de tan blanca que era en las ollas de barro que lo guardan, se ha ido poniendo amarillenta y rancia.
Y que así sabe mejor, con algún rasgo rojizo que nos indica que en algún momento fue sangre, pulso y latido.
¡Y vida en el cuerpo tembloroso y lleno aún de pasión del porcino que lo produjo!
 
7. Sabor
de la leña
 
– Y ahora hijito amontona la leña al pie del horno. ¡Y ya enciéndelo! ¡Y no te quedes así mirando la manteca como si no hubiera nada qué hacer!
Y la leña espinosa se la va introduciendo en la fogata que se ha levantado al centro de la cúpula, iluminada de luces como para una coronación de reyes.
A la cual hay que taparle las pequeñas puertas. Hasta sentir que el horno está a punto. Y al abrir la portezuela ver las leñas esparcidas, hechas carbones ardientes en el piso.
Y que semeja cual una ciudad onírica y vegetal que arde con las luces encendidas en todas sus calles, plazas y avenidas.
Ahí es cuando hay que entrecerrar los ojos porque el olor, el humo y el calor nos ciegan.
Por eso el pan que comemos trae todo el aroma y sabor de la leña de eucalipto impresa en el alma del pan donde sobrevive eternamente.
Y más cuando se ha hecho pasión y nostalgia en nuestros corazones atribulados.
 
*****

 

 

16 DE OCTUBRE

DÍA MUNDIAL DE LA ALIMENTACIÓN

 


FACTOR

CLAVE ES

LA NUTRICIÓN

FABLA DE CIRO HURTADO

GEÓGRAFO y MAESTRO


Danilo Sánchez Lihón

 

1.

 

Seamos

sensatos: consumamos lo nuestro,

aquello

que los países ricos lo aprovechan

felices y hasta

industrializan: la quinua, cañigua,

y kiwicha, que

están en los principales mercados

del mundo.

Los mejores alimentos que nutren

al hombre

son de origen andino. Y más aún:

de las zonas altas.

En este aspecto tenemos el récord

mundial.

¡De nuestro país han sido extraídos

prodigios!

Solo basta mencionar a la excelsa

y portentosa patata,

portento esencial que ha salvado

a la humanidad

de la hambruna, y que pertenece

al Perú ancestral,

al Perú milenario y mítico. Al Perú

del Incario,

del cual somos directos albaceas

y herederos.

 

2.

 

Porque,

si consumiéramos los alimentos

originarios y

portentos que tenemos, y que son

el legado

más preciado que tenemos, y que

lamentablemente

desconocemos o, peor aún, que

¡despreciamos!

tratándolos como si fuera comida

de animales,

y si los usáramos, no tendríamos

niños

enjutos, cada vez más pequeños

y desnutridos,

terrosos y amarillentos. No habría

tanta

falta de sentido común para saber

decidir y

resolver problemas. Y saber elegir

autoridades

dignas y capaces, no a rufianes ni

a corruptos

como viene ocurriendo hasta hoy.

Porque,

¡Todo nuestro destino individual y

colectivo

depende de eso: ¡la alimentación!

 


3.

 

Pero, ¿qué viene

ocurriendo ahora? ¡Que seguimos

siendo pobres!

y mal nutridos solo por ignorancia.

El proceso

de inferiorización que tenemos es

gravísimo.

Así: del coeficiente de inteligencia

de 120 puntos

que teníamos el año 1980, hemos

descendido a 80.

¿Por qué? Porque comemos arroz.

y montañas

de fideos. ¡Salchipapas! Y encima

huevo frito!

¿La dieta en vitaminas, calorías y

nutrientes,

cuál es? ¡Cero! Prácticamente es

nada. ¡Nulo!

Y una situación como esta es una

aberración,

siendo la cultura que hemos sido y

¡somos! Y, ojalá,

así seamos! ¡Asombro del mundo!

aportando

con alimentos, plantas medicinales

y fórmulas

milagrosas que siguen pasmando

a propios y extraños.

 

 4.

 

Por eso,

el conocimiento acerca del saber

nutrirse es

esencial tenerlo, porque el factor

clave a vencer es

la pobreza. Donde la alimentación

unida

a una buena formación da salud.

La salud

da lugar a un buen trabajo. El buen

trabajo

da lugar a la realización personal.

La realización

personal da lugar a una rebosante

felicidad.

La plena felicidad da lugar al bien.

El bien

convoca a los valores supremos.

Y todo ello

construye la prosperidad, la paz,

la perfecta armonía,

tal y como lo poseyeron los Incas,

sociedad

que debemos volverla a instaurar

y erigir

para bien de todos sobre la faz de

la tierra.

 

5.

 

Los incas

tenían alimentación balanceada,

precisa y

de gran valor nutritivo, obtenidos

de la extraordinaria

biodiversidad del espacio andino,

asegurando

en la población vida sana y larga

longevidad.

Para eso domesticaron vegetales

como la papa,

se hizo adaptaciones de terrenos

tales como: los

waruwarus, los curvos camellones

en el altiplano.

Y liseras, que son pozas y lagunas

artificiales

llenas de agua del mar a lo largo

de sus orillas.

Sin olvidarnos de las maca-macas

en la costa,

donde se cultivaron frutas, algodón,

y calabazas;

como también ají, yuyos y pallares.

¡Y hortalizas

como el paico, el yuyo y el atacco!

 

6.

 

Se imprimía

sabor a las comidas utilizando sal

gema. O su igual:

la cal o el isku; la llipta o el chacco.

Y se usaron

diversas flores en la alimentación;

¡como su polen

y néctares en infusión! Las tinajas

rebozaban de

zumo de ortiga, sea capullo blanco

o granate.

La flor de culén, la salvia, el diente

de león;

el brote de cerraje o del zapallo; o

del lacayote,

la verdolaga o el maguey. Se usó

el mastuerzo y

el huabo; la flor blanca del capulí.

Y ¡ah, quimera!

la diversidad que había de mieles

naturales

de extasiante y sazonada ambrosía.

Y es que los campos

eran pródigos y volaban las abejas

por doquier

fascinadas del verdor en cumbres

y bajíos.

 

 7.

 

Celebremos

así mismo, el consumo del agua

natural,

como bebida, y en la preparación

de la diversidad

de potajes. Más de 500 especies

de plantas

cultivables y más de 20 animales

domésticos

se surten de ella. Aguas naturales

aprovechables en

manantiales, pozos subterráneos,

y ríos; libres

de contaminación. Todos ubicados

en la montaña

del Pariacaca, hoy conocida como

Cordillera Andina;

duras por su composición de calcio

y fósforo,

gratas a la buena mineralización de

los huesos y

la limpidez de los dientes, con flúor

para resistir

las caries, que no se conocieron ni

se asomaron aquí,

ni siquiera en sus manchas, bacilos

y menos en los ayes

o dolores de la gente, ¡en el excelso

Tahuantinsuyo!

 

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