jueves, 14 de octubre de 2021

OCTUBRE, MES INTERNACIONAL DE LA BIBLIOTECA ESCOLAR - FOLIOS DE LA UTOPÍA: LEER ES AMAR - POR DANILO SÁNCHEZ LIHÓN

 
CAPULÍ, VALLEJO Y SU TIERRA
Construcción y forja de la utopía andina
 
 
OCTUBRE, MES DE LA SALUD,
LA ALIMENTACIÓN, LA GESTA
DE ANGAMOS; VIDA Y EJEMPLO
DE MARIO FLORÍAN Y LUIS
DE LA PUENTE UCEDA
 
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OCTUBRE, MES
INTERNACIONAL
DE LA BIBLIOTECA
ESCOLAR
 
 
FOLIOS
DE LA
UTOPÍA
 
LEER
ES
AMAR
 
 
Danilo Sánchez Lihón
 
 
En la lectura
ningún amor
es falso
ni se pierde.
 
1. Era
el camino
 
Frederick Douglas, el gran hombre de Estado norteamericano, consejero y amigo personal del presidente  Abraham Lincoln, nació esclavo en Maryland, en el año 1817. 
 
Siendo niño, la esposa de su amo, que era una mujer tierna y bondadosa, pretendió enseñarle las primeras letras del alfabeto en el silabario. Al descubrir este hecho el amo blanco se enfureció y lleno de ira, le increpó a su esposa gritándole:
 
– ¡Qué estás haciendo, mujer!
 
– Enseñándole a leer a este niño. 
 
– Pero, ¡Cómo se te ocurre tal barbaridad!
 
– Pero, ¡por qué tanta cólera!
 
– ¡Dejará de ser esclavo si aprende a leer! –Fue su respuesta contundente.
 
Desde ese momento, cuenta Frederick Douglas, comprendió al oír tales palabras cuál era el camino que tenía que recorrer para dejar de ser esclavo; paria, siervo y explotado.
 
2. Nuestro paso
por la tierra
 
Se le reveló, como si los cielos se rasgaran, cuál era el secreto para aspirar a ser un hombre libre, razón por la cual dedicó todas sus energías y desvelos a aprender leer, primero, y luego a devorar, –a escondidas de sus opresores– todo aquel rastro y vestigio de escritura que encontrara a su paso, llegando a ser, –como de hecho lo fue– el gran libertador de su raza, puesto que a él cupo redactar el decreto de la abolición de la esclavitud que luego firmara y refrendara Abraham Lincoln.
 
Este hecho histórico nos ilustra cómo la lectura es importante para ser hombres libres y resulta fundamental para la plena realización del destino humano sobre la superficie de la tierra. Y todo ello, porque permite a una persona elegir, entre una gama muy amplia de asuntos y materias, aquella pepita de oro, haz de luz o diamante vital que se adopta y luego se expande.
 
Doctrina de vida y desarrollo personal que más nos conmueven y repercuten en nuestro espíritu y constituyen la misión que cada hombre ha venido a cumplir en la vida. Pero, además, porque los libros permiten de manera ilimitada profundizar en los temas o propósitos que cada quien elige, debido a que todo el conocimiento sobre una materia está depositado en ellos, permitiendo a toda persona realizarse plena y lúcidamente en su paso por la tierra.
 
3. Multiplica
la vida
 
El mundo moderno nos enajena, haciéndonos «cosas» y nos sumerge en un cajón de baratijas; porque la vida se ha convertido en una esquina estridente de ruidos ensordecedores donde nosotros no estamos seguros de si el lugar donde nos hallamos es aquel que buscábamos a donde queríamos y debiéramos estar; o quizá sea aquel en donde estamos más irremediablemente perdidos, donde cabe albergar la esperanza de que la lectura sea la hebra para encontrar el ovillo que verdaderamente somos.
 
De allí que cada vez la reflexión, intimidad y toma de conciencia, que es el verdadero medio vital de la lectura, están más y más extrañadas, excluidas y enajenadas de nuestras vidas y somos ya como sombras fantasmales y sonámbulas de la existencia. 
 
Y es muy difícil volver al centro de encuentro de nosotros mismos, a la armonía y paz interior, a la tranquilidad de espíritu que debe tener cada quien para que la lectura exista, porque ésta se da o no como una profunda indagación y franca conversación interior con nosotros mismos, y no perdernos sino multiplicar en cien y mil lecturas más la maravilla que es la vida, la misma que se justifica en la medida que se la lee y se le encuentra su significado esencial.
 
4. Gracias
a ella
 
Por eso, ella se vuelve mucho más valiosa ahora, puesto que con la lectura uno elige la existencia que quiere. Ante los libros la persona humana va construyendo su destino, labrando su camino, encontrando su sendero y el sentido a su vida estupefacta. 
 
De esta manera exorcizamos esos dos determinismos históricos que nos aprisionan con sus crueles cerrojos: el tiempo, a cuyas leyes estamos sometidos, y el espacio que nos limita, atornilla y condena. Pero la lectura supera y traspasa esas dos barreras, como esfuma y pulveriza verdaderas fatalidades, no negándolas no obstruyéndolas sino intensificándolas y ampliándolas. Las ilumina y, al mismo tiempo que extrae su mayor sentido, les otorga o dona un sentido nuevo que antes no tenían.
 
¿Cómo la lectura no ha de lograr grandeza en el alma humana cuando gracias a ella nos echamos por los caminos del mundo a vivir las aventuras más extraordinarias y maravillosas encarnando a los seres más sublimes y portentosos que han vivido o se han imaginado?
 
5. Libro
infinito
 
¿Cómo desestimar entonces esta compañía si con ella ingresamos al ara de los templos; a lo recóndito de los palacios y a la ermita de los santos? ¡Y hasta a los pliegues más íntimos del alma de los seres extraordinarios que habitan –más lúcidos que nunca– en las páginas de los textos! 
 
Y no solamente a través de los libros es que oímos y hablamos con los vivos más gloriosos sino que –como nos lo precisa don Francisco de Quevedo, con el libro y la lectura: 
 
Entramos en conversación con los difuntos y escuchamos con los ojos a los muertos.
 
La lectura, nos hace poseedores del mundo, experimentadores de los destinos de los seres de fábula cuyas capas abrochamos sobre nuestros hombros, cuyas botas calzamos y cuyas espadas blandimos. 
 
Nos sitúa en el acontecimiento trascendental de vivir con el mayor significado y el máximo de valor. De allí que Jorge Luis Borges, imaginó el paraíso en la forma de una biblioteca, o la felicidad perfecta como una lectura interminable de un libro infinito.
 
6. El leer
y el comer
 
Sin embargo, hay quienes aplazan la lectura para épocas de bonanza y contraponen el acto de leer al acto de alimentarse, o de vestirse, o de viajar con dispendio, o de tener bienes raíces que les aseguren una vida y un porvenir confortables. 
 
Antagonizan el acto de leer con el de atender estas necesidades básicas, pensando que hay que arreglar primero lo básico y esencial para después pretender atender lo que sitúan en un nivel lejano, abstracto y hasta piensan que trivial.
 
¿Por qué vamos a considerar opuestos el leer y el comer, o el nutrirse, por ejemplo? ¿Por qué las páginas de un libro van a estar en pugna con el aguadito de pollo, el plato de lentejas o el puñado de arroz? 
 
¿Por qué aceptar que leer es opuesto a subsistir y distinto a ganarse el pan? Esta contraposición es errónea, malintencionada y hasta perversa, porque ambas funciones forman parte de la misma necesidad.
 
7. Si eso
ocurriera
 
Son dos requerimientos orgánicos que persiguen el mismo fin: el crecimiento y la salud integral del hombre. El uno en el plano físico y el otro en el plano mental, emotivo y anímico. Y, más que antagónicas, ambas funciones son aliadas.
 
Tampoco hay contradicción entre lectura y pobreza. No es que dejemos de leer porque tenemos que ganarnos el sustento diario y entonces, ominosamente, no podemos dedicarnos a esta función suprema que sustenta el ser.
 
Este planteamiento también es falso y hasta inmoral. No se deja de leer porque tengamos que comprarnos un pan. Si ese fuera el dilema habríamos avanzado mucho y hasta llegado a la cumbre de la montaña en la aspiración por situar el libro al nivel  de lo que es y significa en verdad el pan en cuanto a expectativa en el plano del alma. 
 
Si eso ocurriera podríamos batir palmas y celebrarlo. Pero las cosas no son así.
 
8. Pero,
además
 
Es el libro y su lectura pieza clave para el desarrollo social, herramienta de trabajo, punto de apoyo y hasta recurso estratégico en la perspectiva de mejorar la calidad de vida de las personas y de la sociedad.
 
La misma que si lee bien ha de comer mejor, ha de alimentarse de modo más óptimo, ha de hacerlo de manera más sana, que aquel otro grupo humano que no lee.
 
Puesto que por el hecho de leer el acto de alimentarse es siempre mejor orientado, y consecuentemente adquiere mayor categoría y calidad.
 
Para comer bien hay que tener una educación y una cultura que lo favorece el leer; y, como ocurre en general, cuando una persona frecuenta los libros, está cualificando su relación con la realidad circundante en todo y para todo.
 
Incluso para ganarse la vida en el plano de la subsistencia, si esa fuera la situación, y para alimentarse mejor, si ese es el dilema por resolver. Pero, además, el libro y la lectura son fábricas que producen y máquinas que cantan.
 
9. Leer
es amar
 
Dijimos al principio que el hombre sólo cuando lee y escribe se hace libre. Y lo reafirmamos. Sólo en esas condiciones es capaz de ejercer su libertad de manera plena, capaz de abrir ancha y ampliamente sus horizontes y, a partir de allí, hacer surgir mundos nuevos, así como hay otras regiones que quedarán latentes o ignotas.
 
Con la lectura y escritura el mundo cotidiano, ordinario, común y pedestre adquiere facetas imprevistas, no descubiertas; matices y gamas insospechadas. No hay cadenas, grilletes ni barrotes para el hombre que lee y escribe. Todas las llaves y cerrojos caen a sus pies, baten como alas los aljibes de las puertas y se abren a él los confines más distantes. Pero la lectura es mucho más:
 
¡Leer es amar! Porque la lectura es el ámbito de la intimidad, núcleo del ser, útero y matriz de vida. Nos acerca a encontrarnos con la amada o el amado y, sobre todo, con Dios. Es deambular ya por el reino prometido y alzar un puente de comunión entre la vida y la muerte. Como también es devoción, consagración y anhelo de construir un mundo mejor. 
 
Porque somos peregrinos insatisfechos del ideal. Y nuestra condición es aura, fulgor, brillo que solo alcanza presencia exacta y perennidad en los libros, urdidos por seres anhelantes de no ser efímeros.
 
10. Tu falda
u orilla
 
Es amar, pero en donde el amor es verdad y no sufre desengaños. Y porque en la lectura ningún amor se pierde y todos los amores perdidos allí se vuelven a encontrar. Porque leer es salvación, es cura del alma, es lugar de cruces, de lagunas encantadas, de nieves eternas, de colinas prodigiosas donde sanan las heridas.  
 
Porque en ella se halla lo que nunca va a morir, lo que eres en esencia y no en apariencia. Allí se encuentra nuestra infancia, el pueblo natal, las voces del alba, cuando nuestros padres nos concebían en su lecho de amor. 
 
Allí está palpitante el encuentro del cual nazco, las voces que se dijeron, el arco de esa alianza, los gemidos, las palabras indecisas hacia las cuales tiendo las manos persiguiendo lo absoluto y eterno que soy.
 
Leer es amar porque es síntesis; mirada, sollozo y grito de júbilo; porque al no encontrarte en la vida yo te busco en las páginas de los libros. A ti, a quien reclamo tanto, que busco lúcido o a tientas, esperanzado y anhelante. En la lectura siento que estoy más cerca de tus palpitaciones y latidos y del borde de tu falda u orilla que es de donde la vida, los libros y los sueños nacen.
 
 
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