miércoles, 13 de octubre de 2021

13 DE OCTUBRE: DÍA DE LA REDUCCIÓN DE LOS DESASTRES - FOLIOS DE LA UTOPÍA: SOBRE PUENTES Y CAMINOS - POR DANILO SÁNCHEZ LIHÓN

 

CAPULÍ, VALLEJO Y SU TIERRA
Construcción y forja de la utopía andina
 
 
CAPULÍ ES
PODER CHUCO

 
SANTIAGO DE CHUCO
CAPITAL DE LA POESÍA
Y LA CONCIENCIA SOCIAL

*****
 
13 DE OCTUBRE

 
 
DÍA
DE LA REDUCCIÓN
DE LOS DESASTRES

 
 
FOLIOS
DE LA
UTOPÍA
 

SOBRE
PUENTES
Y CAMINOS
 
 
Danilo Sánchez Lihón
 
 
1. Y más
todavía
 
– ¿Y por qué esas dos niñas cayeron al río y se ahogaron?
– Es que no cruzaron el río por el puente.
– Pero si solo está un poco más abajo, y justo en el camino?
– ¡Ay, niño! Es que ese puente ahora tiene dueño que es un hombre muy avaro y cobra. Y hay que pagar si uno quiere pasar por ahí.
– ¿Sí?
– Y su actual propietario es tan duro de corazón que a nadie, que no pague, lo consiente ni permite avanzar un paso. Por más que lo lloren.
– Y, ¿de dónde esas dos criaturas iban a tener plata para pagar?
– ¿Y cuánto cobra por persona?
– Ahora cincuenta centavos, que es mucho para nosotros. Es la cuarta parte de una carga de leña, pagada en el pueblo.
– Y también cobra por cada animalito. Y más todavía si ante él no nos humillamos.
En ese caso aplica la tarifa que se le antoje.
 
2. Incluso
ahora
 
– Pero, acaso, ¿él construyó ese puente?
– ¡No, niño! El puente es “del común”, niño. Pero él se ha adueñado, y ahora cobra diciendo que le pertenece.
– ¿A quién lo ha comprado?
– A las autoridades. Lo ha comprado al gobierno, que ha empezado a vender y rematar todo.
– ¿El gobierno que está para velar por el bien público?
– Si, pues, niño. Ha vendido el agua de las lagunas, que ahora tienen dueño e incluso ahora están cercadas con alambres de púas, con guachimanes armados que no dejan pasar a nadie. Y disparan.
Ellos mismos informan que esos lugares ya son propiedad privada, porque ya fueron vendidas a las compañías mineras.
– ¿Y no hay reclamos?
– Sí, hemos ido a quejarnos y a protestar. Pero no encontramos a ninguna autoridad en el pueblo.
 
3. ¿El puente
es suyo?
 
Parece que no viven aquí. No están ni el alcalde, ni el juez, ni el subprefecto. Nadie. Y si hubieran estado no nos hubieran recibido, porque se necesita pedir audiencia con anterioridad. Al contrario, casi nos meten presos, ese día. Se necesita, de otro lado, dinero para cualquier trámite.
– Entonces, ¡han vendido el puente!
– Sí. Es el gobierno. Y también dice que va a vender el camino. Que desde antiguo es de todos nosotros, porque por él todos transitamos. En el puente hay ahora una caseta con un vigilante que es aún más desalmado que el dueño.
Y en un poste hay pegado un cartel lleno de sellos, que es la resolución del juzgado, donde indica que el puente ahora es propiedad privada. Y que parte del camino también le pertenece.
– Y, ¿cómo ha hecho el trámite?
– ¡Eso sí no sé! Pero también hemos preguntado eso. Y la respuesta es que saber eso a nosotros no nos incumbe. Y que para reclamar tenemos que tener inscripción en los registros públicos. Y estar reconocidos como asociación, comunidad o junta de vecinos.
 
4. En
ese caso
 
El puente era nuestra única salvación ante la amenaza que se cierne al fondo y abajo, en el río tumultuoso.
Por eso, para tener siquiera por donde pasar hemos derribado el árbol y cruzamos por él, aunque arriesgando la vida.
– Y los animales, ¿cómo pasan?
– ¡Ese es el problema! Porque algunos son hábiles y pueden guardar equilibrio, como las cabras, pero otros como las vacas no pueden. Entonces tenemos que pasar por el puente y pagar por ellos igual que por los humanos.
– Pero, ¿cómo yo veo que por ese puente pasan los productos de la hacienda de “El Hospital”?
– ¡Ah! ¡Cómo no, niño! ¡Esos sí que pasan!
– Y en ese caso, ¿cómo hacen?
– ¡A ellos no les cobra nada!
La misma o peor humillación que exige que le rindan los pobres, es la que el dueño del puente muestra al hacendado o a la autoridad de la hacienda, ante quienes se arrodilla y hace genuflexiones viéndolos pasar. Y hasta dejaría que lo azoten, tanto que pareciera que están unidos en un mismo negocio.
 
5. 10. Háblame
de los puentes
 
 
O como si entre ellos hubiera un acuerdo o contubernio en contra de la gran mayoría de nosotros que somos los pobres. ¡Ay, niño! Hasta el río está enojado de tanta iniquidad. Pero siempre me pregunto esto: ¿Por qué  es a nosotros a quienes el río cobra las víctimas? Las últimas han sido esas niñas. ¿Qué culpa tenían esas pobres criaturas? Y, ¿qué es la vida así, de ese modo?
– Eleuterio, ¿y tú cruzas por ese tronco que es el árbol derribado?
– De día, sí niño. De noche nunca. Aun así, al cruzar de día siento mareos, porque el árbol tiembla por lo largo que es. Y pareciera que enreda los pasos. Y abajo el fragor del agua reventando en las piedras es feroz.
– ¿Da miedo?
– ¡Sí! Pero háblame niño otra vez de lo que tú sabes; háblame de los puentes y los Caminos del Inca, que antes me contabas.
– Los propios historiadores que vinieron con los españoles y con Francisco Pizarro, y a quienes se llama cronistas de la conquista, escribieron que ni en Roma habían edificios más espléndidos que esos caminos.
 
6. Sombra
y aromas
 
– ¡Miren pues cómo eran!.
– Subían desde las hondonadas hasta las cumbres de las montañas de nieves eternas, anchos y llanos, combinando adoquines de diversos colores.
Cada cierto tramo habían tambos con ropa, zapatos, comida, frazadas para quienes lo necesitaran. A su vera se extendían acequias de agua y manantiales.
Todos estaban cercados de piedra primorosamente labradas, haciendo hileras y a la vez ondulaciones, alineadas a una altura que dejaba mirar el paisaje, con apachetas representando figuras amables.
Cada trecho distintos árboles combinaban sombra y aromas para deleite de los caminantes.
– ¡Los saludos que se daban quienes se encontraban era de hermanos, porque todos éramos hermanos, Eleuterio!
– Y ¿dónde puedo ver un trecho de esos caminos, niño?
– No queda una sola huella, Eleuterio. Todo ha desaparecido.
– Nunca puede desaparecer un camino, niño, porque por allí transita la gente.
 
7. Caminos
de esperanza
 
– Ni tampoco venderlos. Y sin embargo se han vendido.
Salvo cuando alguien desde fuera invade tu suelo y quiere desaparecer toda seña que te recuerde lo que has sido.
Salvo cuando después entre hermanos nos hacemos enemigos y entre nosotros mismos seguimos desunidos.
Salvo cuando unos abusan y viven a costa del sacrificio de otros. Y se es desleal, se engaña y se expolia.
Salvo cuando a todo se le pone un precio. Salvo cuando dejamos de ser hermanos.
Salvo cuando no nos organizamos para defender lo que es nuestro, Salvo cuando todo se compra y se vende, Eleuterio.
– ¿Y cuándo volveremos a tener todo eso?
– Eso depende de nosotros mismos, construir los andenes nuevos, los tambos y otra vez los caminos de esperanza para nuestro pueblo.
 
 
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