viernes, 21 de febrero de 2020

21 DE FEBRERO: DÍA DE LA LENGUA MATERNA - EL QUECHUA EN LA REAL ACADEMIA ESPAÑOLA - POR DANILO SÁNCHEZ LIHÓN


21 DE FEBRERO

DÍA DE LA LENGUA MATERNA



EL QUECHUA
EN LA REAL ACADEMIA
ESPAÑOLA



Danilo Sánchez Lihón


1. Al finalizar la clase

En 1962 Santiago Alvarado Anaya fue el primer estudiante de su pueblo, Supirún, ahora San Miguel de Malvas, que ingresó a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, a la Facultad de Educación, especialidad Castellano y Literatura. 

Era el día lunes a primera hora cuando ingresó al aula el profesor Miguel Ángel Ugarte Chamorro, de baja estatura con la figura de un sacerdote de pueblo, mirada severa y escrutadora, rostro cetrino y cejijunto, de ademanes nerviosos que revelaba un carácter arisco y severo, como buen arequipeño que era, con la corbata fina pero mal amarrada al cuello. Y la correa haciéndole en la cintura dobleces al pantalón. Los estudiantes inmediatamente se pusieron de pie.

– Tomen asiento. –Dijo, áspero y escueto.

El profesor se sacó el saco, lo colgó en la silla y empezó su clase, sobre filología del idioma castellano. Una maravilla de lección, lúcida y transparente, bien modelada y divertida. ¡Con claridad expositiva! ¡Llana y luminosa! ¡Con una didáctica impecable! Y el dominio de cada detalle y pliegue de la lengua castellana que él tiene sobrecoge. ¡Y ejemplos! ¡Con muchos ejemplos! ¡Lo máximo! Son cuatro horas seguidas que se han pasado volando. 

Al finalizar la clase manifiesta que la asignatura a su cargo permite investigar los préstamos que hace la lengua castellana especialmente de las lenguas aborígenes. Por ejemplo, del quechua castellaniza muchas palabras que las usamos y que no constan en el diccionario. Terminó indicando que investigaremos este aspecto. Y así se despidió.

2. Vana huir

En la siguiente clase hay un silencio absoluto entre los 45 alumnos que la siguen. El profesor escribe como dibujando la palabra “cancha”. Da la vuelta y pregunta de manera abrupta: 

– ¿Quién de ustedes habla quechua?

Nadie sabe nada. No se escucha ni un resuello, ni una tos, ni un jadeo. No hay ni siquiera una mosca que vuele y ronronee. Mira a todos, y va acercándose a cada uno con sus ojos enrojecidos y malignos. 

– ¿Quién habla quechua en este salón? ¿Nadie? ¡Es imposible! En el Perú, de 15 millones, 8 millones de personas hablan quechua, más de la mitad. ¡Y esa misma proporción tendría que darse aquí!

Santiago Alvarado ha empezado a hablar consigo mismo: No. No lo digo. Se van a reír. Se van a mofar de mí si digo que yo hablo quechua. Pero, ¿para qué será que pregunta? ¡Quizá sea para algo importante! Quizá para algún trabajo. ¡Ahora que lo necesito tanto! ¿O quizá sea para ser expulsado de la Universidad? ¿Quizá sea indigno de esta casa de estudios hablar quechua? ¡De repente! ¡Porque San Marcos es linaje, enjundia, blasones! ¿Para qué será? No. No lo digo. De hecho, es algo indigno, porque nadie levanta la mano. Quizá sea una trampa y yo casi he caído. ¿O solo será para burlarse? Pero este profesor parece serio y es ¡excelente!

– Vuelvo a preguntar: ¿Alguien de ustedes habla quechua?

Nadie se mueve. Pero yo, Santiago Alvarado de Supirún, me lanzo. No. No me lanzo. ¿Me lanzo? Va a cambiar mi vida si lo digo. Me van a marginar, a despreciar. Me espera el ostracismo. Pero, necesito trabajar en lo que sea. Pero, ya no podré tener amigos. Ninguno de mis compañeros va a soportar juntarse conmigo, si saben que hablo quechua. Van a huir de mí diciendo que apesto. Todos voltearán a mirarme con desprecio.

3. Un reo

– Es la última vez que repito la pregunta: ¿Alguien de ustedes habla el quechua?

Nadie se atreve. Todos callan. ¿Cómo habremos sufrido los que hablamos quechua para escondernos tanto, no? Bueno, yo mismo he tenido que fugar de mi pueblo donde se ha prohibido. Pero lo tengo que decir por mi gente que lo habla, que sí es valiente, por las comunidades pobres, por mi Perú sufrido, por mi gente humilde. Por los míseros y pordioseros, por el Perú que hay que redimir:

– ¡Yo hablo quechua, doctor!

La voz me ha salido como un grito. Ha resonado como si estallara un petardo. Parece que he dado un aullido. Seguro que se ha escuchado en otros salones. Todos han volteado a mirarme. ¿Por qué he gritado así? Desde adelante unos cuellos blancos se estiran a mirarme. De inmediato me doy cuenta que he cometido el peor error de mi vida. 

– ¿Usted habla quechua? Diga: ¿cómo se pronuncia “cancha” en quechua?

– “Kamtsa”.

Acabo de cometer un crimen. Todos ahora me detestan. Otra vez he vuelto a meter la pata. Acabo de malograr mi vida. Me expulsarán seguro de San Marcos. Los que están a mi alrededor se apartan. Soy un reo. ¡Qué horror! ¿Por qué me pasa esto? He salido de una mordiendo polvo, pero ya me metí en otra. ¿Podré salir de esta? Escucho que musitan, escucho que maldicen.

4. Alguien que conozca

– ¡Con razón apestaba en la clase!
– ¡Auquénido!
– ¡Guanaco!
– ¡Llama!

Inmediatamente se han apartado. Antes les había parecido limpio ahora me encuentran sucio. Antes les parecía honrado, ahora les parezco infame. Antes no contagiaba, ahora soy un apestado. Como que ahora, a mi lado van a enfermarse de algo. Nadie querrá juntarse conmigo.

¿Para qué habrá indagado el profesor esto? ¿Era solo por curiosidad? ¿Es por estigmatizar a alguien? ¿Por burlarse?

El profesor Miguel Ángel Ugarte Chamorro, gramático eminente, me ha pedido quedarme en el aula y me explica: que se están incorporando nuevos términos al repertorio de vocablos de la lengua castellana. Y su propósito es contribuir incorporando peruanismos basados en el idioma quechua.

Necesita entonces de alguien que conozca a profundidad esa lengua. Que redacte bien, utilizando un lenguaje expositivo. Que sea disciplinado en el trabajo, y pulcro, –me dice–, a fin de elaborar tarjetas léxicas con conocimiento de la gramática de la lengua originaria, pero para dar su explicación en el idioma castellano.

5. A su vez

A partir de entonces es a lo que se dedica en cuerpo y alma el alumno Santiago Alvarado Anaya trabajando en la flamante Ciudad Universitaria de San Marcos, con solamente sus pabellones de letras y de ciencias, en una oficina adyacente al Repertorio Bibliográfico, de 8 de la mañana hasta las 7 de la noche, solo interrumpiendo este horario para asistir a clases y almorzar en el mismo campus universitario.

Su vida se vuelve de un total aislamiento y marginalidad. Siente que todos lo evitaban, pero eso en parte es de alguna manera conveniente para su trabajo.

El estudio y el informe de 200 tarjetas léxicas con sus acepciones, variantes y usos, está listo a fines del mes de septiembre del año 1963. Un equipo de lingüistas lo revisa minuciosamente. Otros correctores se abismaron en la perfección del documento final, varias veces mecanografiado.

El Dr. Ugarte Chamorro prepara el oficio de remisión que firmará el Dr. Mauricio San Martín, Rector de la UNMSM, dirigido al director de la Real Academia Española de la Lengua, el gramático, esteta, filólogo y poeta Dámaso Alonso, amigo personal del profesor Miguel Ángel Ugarte Chamorro. 

De la Facultad de Letras se remite el legajo al rectorado y se solicita, a su vez, una visita protocolar al despacho del Rector.

6. En sus propias manos

La entrevista es concedida para el día 20 de octubre de ese mismo año. El Dr. Ugarte Chamorro pide al estudiante Santiago Alvarado Anaya que lo acompañe a dicha cita a fin de resolver cualquier pregunta técnica que quisiera formular el Rector. La conversación es amable y cordial. El Dr. Mauricio San Martín expresa:

– He leído fascinado, doctor Ugarte Chamorro, este interesantísimo trabajo, y la propuesta de incorporar vocablos quechuas a la lengua castellana, lo considero una actitud de reivindicación de nuestra lengua y nuestra historia al encuentro dentro del desencuentro. Y esto es muy importante para la esencia de nuestra universidad.

– Gracias, señor Rector. Ya está implementado el oficio de remisión y hemos acompañado cuatro copias del estudio y del informe que es lo que en Madrid se necesita. El sobre, asimismo, está rotulado con toda precisión.

– Doctor Ugarte, permítame sugerirle que una investigación y propuesta como esta debe ser sustentada directamente ante la Academia, para garantizar que llegue de la mejor manera. Y que lo mejor sería viajando usted a Madrid. Coordine la fecha de recepción con la Academia y usted mismo entregará en las propias manos del Dr. Dámaso Alonso esta valiosa investigación y propuesta.

7. La llaga de sus heridas

– Le agradezco la deferencia, doctor San Martín, pero este trabajo que, si bien es idea e iniciativa mía y se ha ejecutado bajo mi dirección, yo no lo he realizado ni preparado. Tampoco conozco la lengua quechua, que es la mayor tristeza de mi vida. Quien podría sustentarlo es el joven estudiante Santiago Alvarado Anaya, nacido en Aija, aquí presente. Y a quien yo recomiendo por su dedicación y excelencia.

Recién volteó el Rector a mirar al estudiante con curiosidad. Y, pensando en alta voz, y mirándolo dice: 

– ¿Un joven estudiante de Aija entre los sabios de la Real Academia Española de la Lengua? ¡Está bien si el tema es el idioma quechua, la lengua del imperio más grande del Nuevo Mundo!, ¿por qué no? ¡Es coherente! ¡Joven estudiante! Alístese a viajar a Madrid junto con el Dr. Ugarte Chamorro a sustentar este trabajo. –Y ya en tono más familiar le dice–: ¡Le ha traído suerte hablar el quechua!

Estas últimas palabras, candorosas, ingenuas y desprevenidas, fueron las únicas que le dolieron y quemaron como carbón ardiente, porque tocaban de un modo inocente la llaga de sus heridas, que siempre y hasta ahora le seguían sangrando.

8. Tres días antes

Por eso solo alcanzó a decir:
– Agradezco respetuoso este encargo que se deposita en mí persona para representar a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos ante la Real Academia Española de la Lengua.

La respuesta de la RAE no se hizo esperar, y llegó al despacho del Rector. Entre otros conceptos dice:

“Felicitamos a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos de Lima por este excelente y extraordinario trabajo. La Real Academia Española de la Lengua no solo recepcionará el estudio y la propuesta en su Comité Especial, sino que considera un honor reunirse en Asamblea para escuchar la sustentación de esta trascendental propuesta, que como me informa en su comunicación Señor Rector, será posible. En atención a su pedido dicha reunión ha sido fijada de nuestra parte para llevarse a cabo el 11 de noviembre del año en curso”.

El doctor Miguel Ángel Chamorro y el estudiante Santiago Alvarado Anaya viajaron tres días antes de la fecha estipulada para sustentar en Madrid la ponencia “Castellanización de palabras de la lengua quechua”.

9. Canto de amor

El día 11 de noviembre los académicos en el Salón de Asambleas de la RAE en la calle Felipe IV del barrio de Los Jerónimos, escucharon las palabras introductorias del Dr. Miguel Ángel Ugarte Chamorro y se anunció la exposición del joven estudiante Santiago Alvarado Anaya de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.

Luego del saludo protocolar Santiago empieza diciendo:

Ackuri urpi ewac`ushun
tac`key jirk`a wac`tallanta
tzechomi urpi yachac`ushun
k`unturcuna tak`unanchu. 
 
La traducción contextual de este breve harawi, que es un canto de amor quechua, dice así:

Ya es oportuno irnos palomita, vámonos muy alegres
a la vuelta de aquel cerro, que estamos viendo.
Palomita, en ese lugar, viviremos pletóricos de cariño
donde los cóndores, muy erguidos, nos centinelen.

Después de traducirlo siguió expresando, ya en lengua castellana:

10. Otra vez

Señores: lo traigo a decir aquí porque siento que mi lengua madre es esa palomita que después de haber sido la lengua de un imperio fastuoso, es esa palomita escondida en las rocas y breñales, en los lugares silvestres adonde ha volado pero que está viva. Porque está cuidada por cóndores.

Ahora ha venido hasta aquí, ha volado y se posa en el tejado noble e ilustre de la Real Academia Española de la Lengua. Y ya está luciendo en la ventana. He aquí tal como es: dulce, honda y candorosa. Y sufrida. “Lengua llorosa”, la llamó El Inca Garcilaso de la Vega, por su tono dolido después de la conquista. Pero ahora asombrada ahora de llegar hasta este magno recinto.

Y continuó exponiendo seguro, confiado y ¡espléndido! Al terminar Dámaso Alonso y los académicos presentes se levantaron de su asiento. Y el director avanzó hasta el atril donde ese niño indefenso, tal como es su lengua, les había hecho sentir la presencia de un mundo nuevo lleno de esperanza.

Aun escuchando los aplausos Santiago Alvarado Anaya se vio otra vez de niño castigado y humillado en el patio de su escuelita de quincha, por hablar quechua. Sintió otra vez, por breve instante, la llegada de la noche en la bifurcación del sendero en Yaru cuando huyera. Y volvieron a penetrarle como dulces cuchillos las canciones en quechua y el llanto en el camino. Y su “Yo sé hablar quechua” en el aula de San Marcos, que le salió como un rugido.

Epílogo

Felizmente había cerca un vaso de agua y mientras agradecía los aplausos y las miradas de asombro y de cariño, bebió a sorbos el líquido, que le sirvió para atajar sus lágrimas y hacerlas que sus ojos lloraran hacia adentro, a donde no se viera.

A su regreso de España al Perú se llevó a cabo una reunión académica en el Salón de Grados de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos en donde el Dr. Miguel Ángel Ugarte Chamorro informó y luego cedió la palabra al estudiante que había logrado, según refería y testimoniaba su presentador, una proeza nunca vista en el salón de asambleas de la Real Academia Española de la Lengua.

Es en este preciso momento que llega el Rector, don Mauricio San Martín, para anunciar que Dámaso Alonso acababa de comunicarse con él anunciándole la incorporación plena de los 200 vocablos de lengua quechua propuestos en la investigación presentada en Madrid, y que a partir de ese momento pasarían a formar parte del lexicón de la lengua castellana. 



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