lunes, 20 de junio de 2022

20 DE JUNIO: DÍA MUNDIAL DEL REFUGIADO - FOLIOS DE LA UTOPÍA: BARRETA DE ORO ES LA IDENTIDAD - POR DANILO SÁNCHEZ LIHÓN

    


Construcción y forja de la utopía andina
JUNIO, MES DE LOS NIÑOS,
DEL MEDIO AMBIENTE, DE LA GLORIA
DE ARICA Y DE LA IDENTIDAD ANDINA
 
CAPULÍ ES
PODER CHUCO



SANTIAGO DE CHUCO
CAPITAL DE LA POESÍA
Y LA CONCIENCIA SOCIAL


 
CAMPAÑA PERMANENTE
POR EL CUIDADO DEL CLIMA Y
DE NUESTRO MEDIO AMBIENTE
 
CAMPAÑA:
¡CONSERVEMOS EL TESORO
DE NUESTRO VALIOSO E INAPRECIABLE
PATRIMONIO CULTURAL!
*****
20 DE JUNIO

DÍA MUNDIAL
DEL
REFUGIADO


FOLIOS
DE LA
UTOPÍA

BARRETA
DE ORO ES
LA IDENTIDAD


 
 
Danilo Sánchez Lihón
 
 
“Alejarse, quedarse
volver, partir,
toda la mecánica social
cabe en estas palabras”.
César Vallejo
 
 
1. La barreta de oro
del arraigo

Para poder expresar lo que quisiera decir esta vez permítanme apelar a una imagen y metáfora que apunta a un contenido esencial de nuestra cultura, cual es el arraigo, y con él recaer en un emblema, en el cual no hemos reparado lo suficientemente.
El texto es la leyenda de Manco Cápac y Mama Ocllo, en donde aparece un ícono de extraordinaria significación, cual es la barreta de oro que se hunde en la tierra en las faldas del cerro Huanacaure, en el Cusco.
Los dos mensajeros del Sol que emergen de las aguas traslúcidas del lago Titicaca la portan y hunden en la tierra para fundar el Cuzco, como ombligo del mundo, el Imperio de los Incas, como entidad totalizadora.
Esta barreta reparemos que es de oro, representando con ello ser lo mejor que podemos ostentar en este mundo. Y se porta en la mano, como lo central y directo en nuestras vidas.
Conlleva el mensaje de misión y objetivo, es rectilínea y en su signo se contienen las más caras esperanzas. Se hunde toda en la tierra e incluso desaparece sin dejar rastro.

2. La flor
de la esperanza

Permanece hacia el fondo, no hacia arriba y es fecundante. A partir de ella se pueden construir los reinos que nos pertenecen porque conlleva un designio sagrado.
Y portemos en la mano la barreta de oro para hundirla en la tierra, hasta hacerla fecundar y renacer.
Barreta de oro del arraigo, del quedarnos, del entrar a roturar la tierra.
Barreta de oro del brotar y florecer; del emerger como ríos caudalosos, montañas tutelares y vientos que mecen las espigas.
Barreta de oro de los campos sembrados, de las aguas recogidas, listas para el regadío o para mover las turbinas.
Barreta de oro de los huertos florecidos y de las ramas preñadas de pámpanos como de racimos colmados de frutos.
Barreta de oro de hundirnos en la tierra de origen. Y de ser mejores maestros, mejores autoridades, mejores padres; alumnos o ciudadanos ejemplares. Barreta de oro que es el retorno maravillado a la tierra natal o de origen.

3. El amor
a la tierra natal

Sin embargo, el discurso de mi profesor en la clausura del año escolar de mi colegio, al dirigirse expresamente a nosotros los de la promoción que egresábamos aquel año del plantel en mi pueblo que es una comarca andina enclavada en los andes occidentales de la serranía del Perú, fue decirnos como la mejor recomendación y ofrenda para nuestras vidas en esa hora todavía incipiente de nuestra aventura vital:
– ¡Váyanse! ¡Váyanse! ¡Mañana no quiero verlos aquí! –Y lo dice con voz perentoria, arrojándonos del lugar donde hemos nacido, donde están nuestros cariños más puros, nuestros seres queridos y cada detalle y grumo que después hemos sabido que constituía nuestra esencia más preciada:
– ¡Váyanse! ¡Váyanse lejos! ¡Mientras más lejos mejor! –Y pese a la crueldad de sus palabras entendemos que lo dice anhelando el mejor bien para nosotros, con la mejor intención del mundo, buscando que en el fondo la barreta de oro se remueva, volviendo a repetirnos:
– ¡Me va a doler en el alma encontrarlos por estas calles mañana!

4. Él
ha regresado

Dada esta dramática situación de haber tenido que dejar lo nuestro, de trasplantarnos y tener cercenadas nuestras raíces, siento que es una responsabilidad orientar todo esfuerzo a la búsqueda de nuestra identidad perdida, tan maltrecha y desvalida, la que debiera ser firme e incólume para ser árboles florecientes.
Y en el intento de buscarla y encontrarla no atender solo a lo que es visible y está a la mano, sino a lo íntimo y entrañable, hacia aquello que más nos conmueve y nos da la sensación de mayor pertenencia, volviendo a buscarla aquí, entre estos abrojos y en la tierra aparentemente monda y escasa.
Así, sentado en una silla y bajo un toldo que carga encuentro en la esquina de una gasolinera a mi amigo Ludgardo, con quien estudiamos juntos y ha vuelto; quien un día emigró a Estados Unidos y la nostalgia lo ha traído de vuelta. Ha contratado una banda de músicos que lo sigue a todas partes tocando aires de nuestra tierra. Y con ella pasea adelante o atrás. Y evoca. ¡Él ha regresado!

5. Infancia
primera

Aunque algo nos hubiera herido en todo lo que se vincule a aquel mundo que, ciertamente, lo tenemos y sentimos tan vulnerable y lastimado. Pero, así como pena y congoja es posible que haya allí algo que restañe nuestras heridas y nos llene de gozo. Y hasta nos haga reír, porque la gracia y la dulzura felizmente parecieran elegir habitar más bien en lo mínimo, pequeño y humilde.
Por ejemplo, he aquí un par de armellas colgadas en una puerta hace tiempo sin abrir y clausurada.
¡Qué honda emoción y turbación agita nuestro pecho al contemplarlas pendientes y resistiendo el embate del tiempo, aguardando nuestro regreso a la casa vetusta!
Y no solo intentemos volver a la tierra que nos vio nacer y al decirlo así retornar entonces a nuestro aire, a nuestro sol, a nuestra agua bautismal, sino también tengamos el valor de asumir y retornar a nuestra infancia primera, aunque haya sido rústica y primitiva, pero a la vez trascendente.

6. De vida
y de muerte

Porque no creo que la vida de aldea y aquella otra recóndita y afectiva sea un signo de atraso ni marginalidad. Al contrario: fueron esos momentos el camino de inicio de la búsqueda y la pregunta esencial por el ser. Y, mejor aún, es la indagación del cómo estar, actuar y convivir en el mundo.
Y, en realidad, sobre este aspecto específico, más que esperar respuestas que nos satisfagan debemos aceptar complacidos que nos basta con que sintamos que son ciertas nuestras preguntas. Y que son legítimos y acertados nuestros descontentos, inquietudes y expectativas. En tal perspectiva regresar a la tierra de origen, instintiva y emocionalmente, para toda persona ahora es crucial. Y asunto de vida y de muerte.
A este respecto reproduzco el poema Nostalgia de José Santos Chocano, que lo dijo el domingo 11 de diciembre del año 1921 cuando salió abrazado a su madre al balcón de su casa a saludar a la multitud allí reunida, la misma que junto a la firma de intelectuales y estadistas de todo el mundo lo había apoyado para revertir la orden de condena a muerte que se le había decretado en Guatemala por apoyar al derrocado presidente Manuel Estrada Cabrera:

7. Prefiero
el terruño

Hace ya diez años 
que recorro el mundo.
¡He vivido poco! 
¡Me he cansado mucho!
Quien vive de prisa no vive de veras,
quien no echa raíces no puede dar frutos.
Ser río que recorre, ser nube que pasa,
sin dejar recuerdo ni rastro ninguno,
es triste y más triste para quien se siente
nube en lo elevado, río en lo profundo.
 Quisiera ser árbol mejor que ser ave,
 quisiera ser leño mejor que ser humo;
 y al viaje que cansa prefiero el terruño;
 la ciudad nativa con sus campanarios,
 arcaicos balcones, portales vetustos
 y calles estrechas, como si las casas
 tampoco quisieran separarse mucho...
 
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