miércoles, 23 de marzo de 2011

JOSEFINA CASTILLO MURGA, Y SUS 96 AÑOS DE VIDA ESPLENDOROSA - POR MANUEL CASTILLO MENDOZA

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JOSEFINA CASTILLO MURGA

y sus 96 años de vida esplendorosa

Por Manuel Castillo Mendoza

"La gloria de los jóvenes es su fuerza, la

hermosura de los ancianos es su vejez".

Proverbios 20:29,


Sorprende gratamente ver cómo, a medida que nos vamos quedando sin nuestros mayores, acudimos a los que permanecen entre nosotros para decirles cuánto los queremos y cómo ellos forman parte de una estirpe de buenos santiaguinos y santiaguinas que nos dieron ejemplo de coraje y ternura, de solidaridad y trabajo, de alegría y fe, de identidad y familiaridad sin límites.


Tía, yo la recuerdo siempre repartiendo el pan…


¡Qué decir de usted tía Josefinita como no sean palabras llenas de gratitud y afecto!, ¡cómo referirme a usted sin remontarme a mis tiempos de infancia, en que supo ofrecer su maternidad a mí y mis hermanos que, aún pequeños, quedamos necesitados de la ternura que sólo una madre sabe dar!, ¡cómo no decirle que si algo bueno podemos exhibir hoy ante nuestros hijos, usted lo construyó, a veces con un serio jalón de orejas!, ¡cómo no recordar que en el hogar que formó con el tío Enrique Uceda siempre hemos encontrado acogida y hemos compartido con sus hijos, como hermanos, pan y abrigo para satisfacer nuestra necesidad!, ¡cómo no decir que sus oraciones a la Virgen del Carmen y su devoción al Apóstol Santiago el Mayor nos dieron el sustento de nuestra fe!

Puedo afirmar, sin temor a equivocarme, que todos los santiaguinos y santiaguinas venimos de un terruño no sólo rico en recursos, sino marcado por la cultura de la generosidad con los que llegaban a la casa; allí siempre se compartió el pan, el tiempo, los afectos, los sufrimientos, las alegrías y las esperanzas. César Vallejo y Luis Felipe de la Puente Uceda lo comprendieron muy claro. El poeta, sorprendido por no haber sido útil, por no haber servido al hermano, escribió:


“Hoy no ha venido nadie a preguntar;

ni me han pedido en esta tarde nada"


mientras que el guerrillero solía entonar:


“Cada vez que llego al sitio

donde me juraste quererme,

lágrimas de faltan para llorar,

corazón me sobra para querer”


Madre andina para el sosiego de hombre


Santiago de Chuco es grande no sólo por el trabajo y valentía de sus hombres, sino por la prudencia, piedad y humildad de sus mujeres que suelen acompañar al esposo y a los hijos complementándolos y alentándolos en cada paso. Viendo a una madre del mundo andino, como usted tía Josefina, uno entiende perfectamente lo que César Vallejo escribió en el poema LXV de TRILCE, allí, refiriéndose a su propia madre, dijo:


“Bajo los dobles arcos de tu sangre, por donde
hay que pasar tan de puntillas, que hasta mi padre
para ir por allí,
humildóse hasta menos de la mitad del hombre,
hasta ser el primer pequeño que tuviste”


Porque todos los maridos terminamos haciendo de la esposa la continuidad de la madre. Y ellas, con la sabiduría y la modestia que las caracteriza, esa que se construye en el ámbito familiar, siempre trazan el horizonte de la familia, y lo hacen sin regateo ni exhibiciones, es como si no quisieran que supiéramos que ellas marcan el camino a seguir.


Hoy celebramos noventa y seis años de vida esplendorosa



Y hacen bien queridos primos en celebrar los 96 años de vida de la tía Josefina, creo que es una oportunidad para expresarle nuestra alegría por una vida tan generosamente extendida; es que teniéndola a nuestro lado habrá oportunidad de manifestarle nuestra gratitud, porque le debemos mucho; mientras ella esté junto a nosotros no olvidaremos que hemos nacido para la caridad, que es amor; si ella sigue con nosotros en casa, aún seremos hijos, porque cuando los viejos se van, el viejo es uno; y porque con ella, siempre será posible elevar una oración al Dios de la vida, tal como nos lo enseñó desde niños, en que arrodillados rezábamos a su lado.

Celebrar los 96 años de una persona es ocasión para sacar lecciones de sus tiempos vividos y no errar nuestro propio camino.



Noventa y seis años de afanes y logros



A usted querida tía, la hemos visto enfrentar los tiempos difíciles con valor e imaginación, sabemos que nada le llegó de lo alto y todo lo logró trabajando con sus manos. Y aquí, retomo el poema de César Vallejo para remarcar el concepto que él tenía de la maternidad que conoció en Santiago de Chuco, cuando escribió:


“Entre la columnata de tus huesos

que no puede caer ni a lloros,
y a cuyo lado ni el destino pudo entrometer
ni un solo dedo suyo”.


No recuerdo haberla visto tía Josefina, llorar por un contratiempo, jamás tuvo usted una expresión que justificara la pasividad, nunca el desánimo la llevó a sentarse y a esperar que Dios hiciera lo que sabía que era su tarea. En ese sentido, usted no sólo representa a una familia sino a un pueblo, no sólo es un símbolo, sino una llamado a los que le sucederemos en el tiempo, y no es motivo de alegría únicamente para sus parientes, lo es para todos los que la conocemos y amamos.


Una vida así, no se improvisa… ni se jubila


Las veces que he conversado con la tía Josefina, indagando por sus años de juventud, afloran a su rostro, sus añoranzas y recuerdos, los aprendizajes de la costura y la cocina junto a la abuelita Cipriana Murga y mamita Grimaneza Murga, salen a luz sus alegrías juveniles en el Club Bellido y las amigas, aparecen sus primeros saberes tenidos con la Tía Santitos Murga, maestra rural en Llatrupamba, recobra vigencia la fe sencilla vivida junto a la Sra. Rosita Paredes de Uceda y la tía Asunción, y siempre está el valor que el tío Enrique puso para ir juntos por las jalcas andinas rumbo a los arriendos de Sangual y El Murán donde abrieron surcos y escuelas para nutrir el cuerpo y el espíritu, o cuando bajaban al valle de Namogall donde el limón y la tuna endulzaban el cansancio.

¡Qué hermosa manera de llegar a la ancianidad tía Josefinita!, con usted aún se puede tener una conversación interesante, porque todavía tiene ilusiones, alegrías y proyectos; hay arrugas en su frente pero no en su cerebro, y por eso continúa dándonos lecciones de buen vivir, esas enseñanzas son: envejecer con serenidad y sin apremios, mantener la dignidad y la decencia muy en alto, hacer gala de talento hasta para las cosas simples y no perder el sentido de la misericordia y la fraternidad.


Mirarla es constatar que la semilla que los mayores sembraron en usted, hoy nos lo devuelve florecida, como legado de humanidad y de fe.

¡Feliz cumpleaños tía Josefinita, y muchas gracias por haber estado siempre a nuestro lado!





CAPULÍ, VALLEJO Y SU TIERRA

SANTIAGO DE CHUCO


MAYO DE 2010


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