martes, 30 de marzo de 2010

EL SEÑOR "JUSAFADO", EL SANTO VARÓN Y LA SAHUMADORA - POR JUÁN JOSÉ ALVA VALVERDE (PEPE)

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EL SEÑOR "JUSAFADO", EL SANTO VARÓN Y LA SAHUMADORA

Por: Juan José Alva Valverde (Pepe)

Don Alejandro participaba como Santo Varón desde buen tiempo atrás, asistido por su fe y devoción. En Viernes Santo la escenificación de la Crucifixión se había llevado a cabo ante el llanto de los asistentes. Chiquián, pueblo católico y creyente, se entregaba plenamente a los actos de la Semana Santa; la familia de don Alejandro conformada por su esposa Inés, sus hijas María y Aurelia, se encontraba presente en la Iglesia. Con las señas correspondientes doña Inés le hizo saber a don Alejandro que bajarían a casa y volverían en la noche para asistir a la procesión del Santo Sepulcro.

La casita de don Alejandro estaba ubicada al final de la población, en el barrio de Quiullán, entre Tranca chico y la plazuela Bolognesi, donde los bosques de eucaliptos mantenían un constante viento aromado, y el trinar de las avecillas hacía encantador dicho lugar. Desde este paraje se contemplaba el hermoso valle de Chinchupuquio, Usgor, Obraje y el plateado río Aynín. Al fondo el glaciar Tucu Chira. Al frente el poblado de Huasta y al lado izquierdo, petrificado en el cerro, el Danzarín resaltaba con nitidez, gracias a las lloviznas que habían lavado el polvo que se le había impregnado. Las campiñas de Chivis y Muchcash por el lado derecho y en el horizonte el Yerupajá imponente, colosal, majestuoso nevado.

- Mamacita quiero ver al señor JUSAFADO, llévame a la iglesia por favor -le pedía Aurelia a su mamá.

- ¿A quién quieres ver hija?

- Al señor jusafado.

- Se dice crucificado.

- Sí pues mamita, pero yo no puedo decir; quiero ir por favor.

- Sí hija vamos a ir, pero primero tomaremos nuestro lonche y alistaremos a tu hermana, ella va a sahumar en la procesión.

Aurelia, la segunda hija de la familia tenía 4 añitos, y por su edad todavía no pronunciaba bien algunas palabras. María tenía 9 años, risueña, alegre, le gustaba cantar como su mamá; apegada a su papá, lo acompañaba a la chacra los sábados, había aprendido las labores del campo; le gustaba realizar algunos juegos varoniles: chuncar (jugar a las canicas), jugar al trompo, al run run (hacer girar con un pedazo de hilo, una chapa aplanada de botella). Heredera de la fe católica de la casa, se inclinó por el sahumerio, y en las ocasiones que era posible, su mamá la vestía de blanco y tul, le preparaba el incensario para que al lado de otras niñas, rindiera culto religioso. En esta ocasión el Santo Sepulcro, con el Cristo yacente, descendería por el jirón Dos de Mayo, hasta la altura de la calle de la Escuela Pre- vocacional de varones Nº 351, subiría por el jirón Comercio hasta la esquina de la casa de don Manuel Pardo, para retornar a la iglesia. En el trayecto los santos varones, personas de profunda emoción religiosa, de diversas actividades laborales, pero identificados y hermanados por la fe, pedirían la erogación correspondiente a los asistentes, con el estribillo:

“Limosna para el santo entierro

y la soledad de María”,

“Limosna para el santo entierro

y la soledad de María”,

“Limosna para el santo entierro

y la soledad de María”

Al finalizar la procesión y consecuentemente el Viernes Santo, don Alejandro y su familia, con el corazón aun adolorido por el significado de la Pasión y Muerte de Jesucristo, pero con la conciencia de haber cumplido con el compromiso de su fe, retornaron a su casa.

Gratamente:

Juanjalva@gmail.com

Cruz de Motupe, SJL. 29 de Marzo del 2010.


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